Capitán América: Marvel Héroes 1: Se Ha Hecho Justicia (1985-1987)
Reseña en la web de Universo Marvel:https://www.universomarvel.com/resenas-capitan-america-marvel-heroes-1-se-ha-hecho-justicia-1985-1987/Terminada la etapa escrita por J.M. DeMatteis, la colección del Capitán América entra en una nueva era con este nuevo volumen, la que tiene a Mark Gruenwald como guionista.
Sin embargo, el primer tramo del tomo corresponde a una pequeña etapa, guionizada por Mike Carlin, que hace de puente entre guionistas estables. Un Mike Carlin que, en realidad, ya se estrenó en el puesto al final del tomo que precede a éste.
En lo referente al puesto de dibujante a lápiz, éste sigue siendo propiedad de Paul Neary, que ya realizó los números incluidos en el anterior tomo y que repite en la totalidad de episodios que hinchen este nuevo volumen.
Finalmente, el entintado es cosa de Dennis Janke en gran parte del volumen, hasta que John Beatty ocupa su puesto en el último tercio.
Carlin mantiene el entorno de Steve Rogers tal como lo configuró DeMatteis, con Bernie Rosenthal, prometida de nuestro héroe, y su compañero de aventuras Jack Monroe, el nuevo Nómada, como piezas infaltables del tablero de juego. Por otro lado, Steve sigue dedicándose a dibujante publicitario para ganarse la vida. El único que se aleja de la colección, tras lo sufrido en la saga del Cráneo Rojo, es el amigo de adolescencia de Rogers, Arnie Roth, que parece haberlo dicho ya todo en esta serie.
El guionista transitorio empieza con una línea argumental inicialmente modesta que acaba resultando una muy buena muestra de acción y entretenimiento. La historia incluso cuenta con un trío ridículamente cómico en la figura de Batroc y sus dos nuevos socios, Machete y Zaran, este último anteriormente presentado en la serie de Shang-Chi. Un trío de mercenarios contratado por el magnate Obadiah Stane (bien conocido de las páginas de Iron Man) para robarle el escudo a nuestro protagonista. Un Stane que tiene secuestrado y amenazado al propio creador del escudo, Myron MacLain, para que reproduzca el metal del que está hecho el escudo y así poder construirse una armadura indestructible.
Para mayor fortuna, Paul Neary ha mejorado bastante respecto a lo visto en el anterior volumen, y ya se puede asegurar que realiza un buen trabajo. La lástima es que todavía se cuela algún que otro número en el que flojea más de lo deseado.
Mike Carlin finaliza su corta estancia en el Capitán América en Inglaterra. Nuestro héroe viaja a Londres para vivir una aventura con las leyendas artúricas cómo telón de fondo y el Capitán Britania como héroe invitado. Modred el místico, el villano para la ocasión, pretende arrebatar el trono al legendario Merlín que le acredita como el mago más poderoso, en una trama que sirve de excusa para darnos un distraído paseo por las leyendas anglosajonas. Otra cosa ya es el desarrollo, creo que un poco pueril, de la idea.
Se inicia la etapa Gruenwald.Mark Gruenwald, un guionista que llevaba ya unos años realizando trabajos con cierta continuidad en diferentes colecciones de la casa, se hace con las riendas del Capitán América en lo que será, con diferencia, su trabajo más prolongado hasta el momento.
Gruenwald entra, tijera en mano, con intención de hacerse la colección suya en base a una profunda renovación respecto al legado dejado por DeMatteis.
La primera víctima de la "limpieza" llevada a cabo por el nuevo conductor de la colección es Nómada. En un primer episodio monopolizado precisamente por el compañero de aventuras del Capitán América, el guionista nos presenta su primera creación para la colección, un pintoresco y singular villano llamado Capi Loco. Un tipo cuyo cuerpo parece indestructible, que cuenta también con un extraño poder de persuasión que traslada a sus víctimas a un estado temporal de absurda y estúpida diversión. Un personaje con muchas posibilidades que aquí sirve de contrapunto en la decisión del Nómada de iniciar su carrera solista frente al crimen. Un giro muy bien planteado por Mark Gruenwald en base a una buena caracterización de Jack Monroe, ya muy alejado de los valores de Steve Rogers.
Lo segundo que hace Gruenwald es cerrar la etapa de Steve Rogers como dibujante publicitario. La imposibilidad de cumplir con los plazos de entrega lleva al propio Rogers a tomar la drástica decisión. Pero, paradójicamente, a nuestro hombre no se le ocurre otra cosa que pasarse a dibujante de cómics, una industria donde precisamente las fechas de entrega es el principal quebradero de cabeza de los profesionales. Por supuesto, Steve entra a trabajar en Marvel, donde es contratado por el editor Mike Carlin (sí, el mismo Carlin, ahora editor), quien le asigna dibujar la colección... ¡del Capitán América! La situación resultante es entre desconcertante y divertida, sobre todo cuando vemos a Steve Rogers corrigiendo el trabajo de caracterización del protagonista llevado a cabo por el guionista, que obviamente es el propio Mark Gruenwald.
Ésta sería la primera de muchas ideas planteadas por Gruenwald, no diré inverosímiles, no diré de bombero (bueno, un poco), pero cuanto menos extrañas. Muchas de ellas tienen relación con la mencionada ruptura con el entorno establecido y con las novedades que implementa el guionista en este sentido.
Una de las más chocantes es la puesta en marcha de una línea de comunicación con los ciudadanos ante casos que requieran la intervención del Capitán América. La llegada a la redacción de Marvel de una carta dirigida al Capitán América pidiendo auxilio pone en alerta a nuestro hombre, que decide ir a investigar. Efectivamente, la alerta no era ninguna broma, tratándose de un caso que toma un hilo de un episodio de la serie Rom. Un episodio en el que hacía aparición el Pensador Loco y su androide increíble, siendo este último el causante de la alerta. Lo más sorprendente del episodio es la aparición y mención del propio Rom en un flashback, cuando se supone que los derechos de publicación del cíborg deberían impedirlo, pero también es cierto que se trata de una sola viñeta.
El caso es que la trama del androide queda abierta a la espera de otra ocasión para continuarla, pero lo más relevante está en lo comentado al principio. La determinación de crear un canal de comunicación con los ciudadanos es una idea de lo más esperpéntica, no por ello inverosímil, pero sí con todas las papeletas de la rifa para que acabe embarrancando. De hecho, a lo largo del presente volumen Gruenwald parece ir progresivamente arrinconando la línea directa de emergencias hacia un segundo plano, pero lo cierto es que de entrada la cosa se la toma muy en serio. Steve contrata a un adolescente informático, Ram Riddley, y hasta se monta una oficina a todo lujo, y todo ello gracias a un dineral casualmente caído del cielo en forma de atrasos por sus muchos años en el ejército.
Por cierto, lo de optar por el efecto casual como recurso argumental es algo de lo que Gruenwald echa mano repetidamente, por lo menos en este tomo.
Luego está la despedida de otro de los pilares de la nómina de secundarios de los últimos años, Bernie Rosenthal. La ruptura, en este caso, no es inmediata, sino que se va cociendo hasta confirmarse varios números más allá.
El guionista nos va poniendo en situación mostrando el repetido disgusto de la prometida de Steve ante las continuas ausencias de su amado a causa de sus obligaciones superheroicas. El obligado cierre de la tienda donde trabaja la joven y su posterior determinación de cursar estudios universitarios en otro estado, ponen el resto.
El caso es que la despedida de Bernie trae consigo también el abandono de Steve del piso que compartían y, con ello, el adiós a la colección de sus vecinos Josh Cooper, Mike Farrel y Anna Kappelbaum. Pero la ocurrencia de Gruenwald, aquí, está en el nuevo "domicilio" para nuestro protagonista. El guionista decide convertir a Steve Rogers en una especie de hombre sin residencia fija y lo embarca en una sofisticada furgoneta, obsequio de su amigo T'Challa, con la que poder desplazarse por todo el territorio americano. Eso sí, siempre bajo el garante de la Mansión de los Vengadores, siempre lista con una cama y un plato caliente. De este modo, el Capitán América suma un nuevo vehículo a su moto, que sigue estando a disposición, ahora en el interior de la propia furgoneta. Una furgoneta que también está equipada con una centralita para recibir los avisos de la línea telefónica directa del Capitán América.
Volviendo al plano argumental, el nuevo guionista también debe hacer frente al inevitable cruce con el mega evento del momento, las Secret Wars II. Para la ocasión se estrena otro nuevo personaje, Armadillo, uno de los muchos que nos va a presentar Gruenwald. Armadillo es una nueva creación del Doctor Karl Malus, que se aprovecha de la desesperación de un pobre diablo, a quien transforma en un enorme armadillo para sus propios fines, todo ello bajo la atenta mirada del Todopoderoso.
Pero esta nueva etapa de Gruenwald también vive, y mucho, de personajes anteriormente creados o desarrollados por el propio guionista, que no se está de dar continuidad a hilos propios de otros títulos.
Es el caso del Escuadrón Serpiente, un grupo de villanos que Gruenwald creo para Marvel Two-in-One, que aquí pasa a ser la Sociedad Serpiente.
El grupo, inicialmente formado por Crótalo, Anaconda, Víbora Mortal y Mamba Negra, se amplía aquí con todos los personajes del Universo Marvel de temática ofidia, además de otros de nueva creación. De este modo, los cuatro miembros iniciales citan a Cobra, la Princesa Pitón y Constrictor, más a los debutantes Boa, Iguana, Aspid, Serpiente de Cascabel y Boa Constrictor, a sumarse al proyecto. En lo que es otra de las ocurrencias de Gruenwald, tan inverosímil como seductora, Crótalo decide reunir a un grupo de mercenarios hartos de trabajar sin ningún tipo de seguridad salarial, a quienes propone "legalizar" su situación de trabajadores fuera de la ley mediante creación de sindicato.
Rápidamente llama la atención que unos tipos que trabajan fuera de la ley pretendan tener cobertura legal, pero la Sociedad Serpiente acaba siendo una realidad y su creación significa el pistoletazo de salida para una extensa saga.
Sin embargo, estamos ante una de aquellas sagas de avance lento mediante inserción de tramas puntuales ajenas. En este sentido, al mencionado episodio del androide increíble del Pensador, hay que sumar dos pequeñas historias más.
La primera nos presenta a Sin Banderas, un supertipo anarquista y apátrida que pretende abolir todas las naciones en favor de la unión de la humanidad y de la paz, pero claro, mediante el uso de la violencia. El clásico discurso contradictorio de imposición de la paz a base de hostias, nada nuevo, pero el personaje cumple su función como contraste al Capitán América. Lástima que el episodio parezca una excusa para soltar el previsible discurso de defensa de la identidad norteamericana.
El otro episodio es un cruce con la maxiserie del Escuadrón Supremo, precisamente guionizada por el propio Mark Gruenwald. Halcón Nocturno es el personaje invitado, obviamente la versión del Escuadrón Supremo, que recordemos que existen en la llamada Otra-Tierra, en una dimensión diferente a la nuestra. Halcón Nocturno viaja hasta nuestra realidad en busca de ayuda para encontrarse con la negativa de los Vengadores a inmiscuirse en asuntos políticos extradimensionales. Sin embargo, el Capitán América accede finalmente a la petición de Halcón Nocturno ante la irrupción de otros tres infiltrados de la misma dimensión, Visón, Retal y Pinball. El episodio es una montaña rusa de indecisiones por parte del Capi y no entiendo cuál es su función, más allá de atraer nuevos lectores hacia la maxiserie.
Lo realmente interesante está en el eje argumental de la saga. La Sociedad Serpiente pronto se pone en marcha a la búsqueda de clientes, ofreciendo sus servicios a diferentes organizaciones criminales, empezando por Kingpin, que tan sólo toma nota del contacto. En cambio, la visita a IMA obtiene el primer encargo para la nueva sociedad: la búsqueda y asesinato de MODOK, el antiguo líder de la organización. De este modo, empieza una dramática persecución y acoso de la Sociedad Serpiente a MODOK que pone los pelos de punta por su realismo, mientras el Capitán América intenta impedirlo. Una historia apasionante dentro de su sencillez, donde Paul Neary está especialmente convincente en el trabajo narrativo.
La saga de la Sociedad Serpiente se alarga en un último capítulo bastante cachondo que viene a subrayar la estrafalaria idea del propio grupo, al que parece que le crecen los enanos ya desde su fundación. Un cúmulo de casualidades que no cesan de poner al grupo de villanos a los pies del Capitán América, empezando por el chivatazo de Constrictor que había abandonado la nave ya en la primera reunión. Luego, el Capi se cruza casualmente con la Princesa Pitón en el momento que la mujer huía despavorida de la batalla. Incapaz de seguirle el ritmo al grupo liderado por Crótalo, la mujer también acaba echando a sus antiguos compañeros a los leones confesándolo todo al Capi.
Pero nada comparable al juego de los despropositos de este último capítulo. La cosa empieza cuando miembros de la Sociedad Serpiente se presentan en las oficinas de IMA para cobrar sus honorarios, pero coinciden casualmente con Puercoespín, el villano segundón aparecido en diferentes títulos del UM. Resulta que el tipo quiere dejar el negocio del crimen, pero antes pretende sacar tajada por su supertraje ofreciéndolo a quien se tercie. Tras recibir calabazas de Crótalo por no ser un traje de algo relacionado con las serpientes, el hombre se lo ofrece, como no ¡al Capitán América! Éste acepta con la condición de que Puercoespín le ayude a tenderles una trampa a la Sociedad Serpiente, trampa en la que los villanos caen como principiantes.
Terminada la saga de la Sociedad Serpiente, Gruenwald vuelve a echar mano de Armadillo, en otro episodio dramático, y a continuación, vuelve a recuperar un hilo suyo. Concretamente, un hilo relativo a la miniserie de Ojo de Halcón, que él mismo escribió. Cuando Clint Barton y su mujer Pájaro Burlón acuden a testificar en el juicio contra el villano Fuego Cruzado, éste último es secuestrado por un grupo de supervillanos con el fin de pedir rescate por él. El supergrupo, de nueva factura, se llama Malabaristas Mortales y es incluso más cómico que la Sociedad Serpiente. La temática común de sus integrantes esta vez no tiene nada que ver con un orden animal, sino con sus habilidades, y es que todos ellos son malabaristas, pero cada uno del objeto que indica su nombre. Integrantes que responden a los nombres de Anillas, Bolas, Bomba, Triquiñuelas y Bolo, algunos de ellos ya aparecidos anteriormente en el Universo Marvel. En cualquier caso, un estupendo número de investigación e intriga.
Pero es momento para otro de los platos fuertes de la etapa recogida en este tomo. Una línea argumental ya iniciada con anterioridad sin que los lectores sospecháramos nada, y ahí está lo innovador de la propuesta. De hecho, ha sido necesario incluir extractos de un montón de colecciones para contextualizar el arco argumental. Recortes correspondientes a escenas en las que se cometen sendos asesinatos, todos ellos sin aparente relación argumental con la trama de turno. Las víctimas son siempre supervillanos de segunda fila, pero lo insospechado de todo ello es que todos estos asesinatos están relacionados. Y lo están pese a estar repartidos por gran parte de las colecciones de Marvel del momento, dentro de historias escritas por distintos guionistas. Me atrevería a decir que estamos ante una iniciativa de la editorial que tiene por objeto hacer limpieza ante la progresiva acumulación de supervillanos de poca monta. El papel de Mark Gruenwald, por tanto, se limitaría a cerrar el ciclo en el título del Capitán América.
El caso es que las víctimas de esa primera ola, la repartida en diferentes títulos, incluyen nombres conocidos como los de Implacable, Fundidor, Basilisco, Espectro, Titania o Hombre Milagro, entre otros, pero eso no es más que la punta del iceberg ante lo que se avecina. Y ahí entra Gruenwald, que viene a ponerle nombre al asesino y a rematar la jugada multiplicando por tres el número de víctimas.
El asesino, que responde al nombre de Azote, actúa siempre bajo un disfraz y, de hecho, descubrimos que ya se había pasado por estas páginas al inicio de la saga de la Sociedad Serpiente, en un fracasado intento de asesinar a Constrictor. Menos suerte tienen Rayo Azul y otro conocido de la citada saga, Víbora Mortal, que no son más que la antesala de la masacre de supervillanos que representa el punto álgido de la historia. El Azote se las arregla para infiltrarse en una congregación de supervillanos atemorizados por la situación, a quienes acaba asesinando a sangre fría. La lista de bajas es larga: Tizón, Jaguar, Leta, Anillador, Remachador, Ciclón, Vampi, Hombre Pajaro, Secuestrador, Comandante Kraken, Florete, Granada, Luchador, Filo de Navaja, Onda Mental, Espejismo, Guepardo y Turner D. Century. Nombres, muchos de ellos, a los que seguro no vamos a echar en falta, pero que al menos han servido de carnaza en una historia impactante, cuanto menos.
Por lo demás, la historia entra básicamente en el género de la investigación, siendo el Capitán América el "detective" de turno. Sin olvidarnos de la Sociedad Serpiente, que también clama por vengar a su compañero Víbora Mortal. Aquí, resulta inesperado el protagonismo dado a Iguana, que parece encapricharse del Capitán América y no parece ser tan villana como sus compañeros de grupo.
Por otro lado, en la historia también hay un hueco para los también villanos Látigo Negro y Mago Acuático, e incluso para algunos Vengadores (Hércules, Namor y la Avispa).
En definitiva, un relato que no está nada mal, pero que se nota la función para la que está hecho. Es más, al final de la historia Gruenwald parece dejar un cabo suelto por si fuera necesario realizar algo parecido en el futuro.
Antes de pasar a tramo final del tomo, nos encontramos con el anual número 8 de la colección del Capitán América. Un número guionizado por Mark Gruenwald y dibujado por Mike Zeck, que ya fue objeto de análisis en la reseña del tomo precedente de la cronología del Capi, donde también estaba incluido, pero que me dispongo a repetir por ser este tomo el lugar que mejor le corresponde.
Para la ocasión, el Capitán América forma equipo con Lobezno en una historia antibelicista en formato de thriller. Un antiguo agente de SHIELD que ahora cuenta con un supertraje y responde al nombre de Anulador, está obsesionado en inutilizar todo el arsenal atómico sin atender a posibles consecuencias. Para ello se vale de un robot TESS, residuo de un viejo proyecto nacido a la par que el de los supersoldado que dio origen al Capitán América. Unos enormes robots cuyo fin era contener a los futuros supersoldados ante la posibilidad de insurrección. También está por ahí el mutante Nuklo para no aportar nada a la trama. Buena historia, sin más.
A partir de este punto hay un pequeño cambio en el equipo de autores, concretamente en el puesto de entintador, donde Dennis Janke cede su sitio a John Beatty. Y lo cierto es que el cambio se nota para peor.
En lo que se refiere al plano argumental, regresa Sin Banderas, el villano antinacionalista, que insiste en eliminar todas las fronteras por medio de la fuerza. En esta ocasión amenaza con matar a todos los pasajeros de un avión previamente secuestrado por su equipo. Porque esta vez descubrimos que el sujeto es multimillonario, lo que le permite contar con un numeroso equipo de agentes llamado ULTIMÁTUM y una descomunal base de operaciones escondida en los Alpes suizos.
Un thriller de acción, incluido discursito final del buen americano a cargo del Capi, que tampoco tendría más, de no ser por un hecho que va a marcar el futuro inmediato de la colección. El Capitán América, automática en mano, se ve obligado a matar a uno de los secuestradores cuándo éste se disponía a abrir fuego sobre todos los rehenes.
Además de quedarnos con la impactante imagen del Capitán América en plan guerrillero, el suceso trae consecuencias de carácter diplomático. Y es que las autoridades suizas reclaman la entrega del Capitán América ante lo que consideran un asesinato.
A continuación, Gruenwald insiste en presentarnos a supertipos, como Sin Banderas, de trasfondo político y discurso antagónico al de nuestro protagonista. Estoy hablando del Superpatriota, primera identidad de un tipo llamado Jonathan Walker, que disfrutará de un largo recorrido en el Universo Marvel.
Pero aquí no termina la cosa, porque en el arco que cierra el tomo, Gruenwald trae de nuevo al Nómada, pero ahora convertido en una especie de justiciero sin demasiados escrúpulos, lo que también viene a chocar frontalmente con el concepto básico que define al Capitán América.
La cuestión es que el guionista parece obsesionado con este tema, pero da la impresión de que todavía no sabe muy bien qué hacer con él.
Volviendo al Superpatriota, el personaje apunta como el más interesante de esta nueva hornada de "antihéroes" abanderados y casi diría de todo el tomo. Se trata de una especie de versión populista del Capitán América. Un producto en sí mismo publicitado por vía de mítines políticos y trucos fraudulentos con los que engatusar al populacho. El Superpatriota irrumpe con la intención de quitarle el sitio al Capitán América, de quien proclama que está viejo y cansado, de ahí que necesitara hacer uso de un arma de fuego para resolver un conflicto.
De momento, lo que consigue el Superpatriota es poner nervioso a su rival. Y es que a Steve Rogers hasta se le pasa por la cabeza acudir a una agencia publicitaria con el fin de limpiar su imagen, manchada por el incidente con el terrorista, en lo que es otro proyecto de idea disparatada de Gruenwald.
Los siguientes en buscarle las cosquillas al Capitán América son dos viejos conocidos como son el Trampero y Torbellino, que estrena nuevas habilidades tras pasar por las manos del Chapucero. Un episodio, que en realidad parte de un hilo de la colección de los Vengadores, francamente mediocre y que parece más propio de épocas más ingenuas.
El volumen cierra con el mencionado regreso del Nómada en otra historia que no pasa de aceptable y cuyo interés parece limitarse a presentarnos al nuevo Nómada para ponerlo delante del espejo del Capitán América. En cualquier caso, el episodio sirve de estreno para Babosa, un capo de la droga que es una enorme bola de grasa.
Conclusión.Primer volumen del Capitán América de Mark Gruenwald. Un tomo que deja una impresión de estado embrionario de la etapa. El guionista creo que plantea ideas interesantes que, sin embargo, acusan de cierta dispersión y falta de desarrollo.
Con todo, estamos ante un buen tomo y bastante entretenido en muchas fases. Además de contar con una galería de nuevos personajes prometedora.