Eran las 17:34h de un jueves laborable, lo que significaba que el Multiverse Lane estaba prácticamente vacío. No era casualidad que Marc Carrigan estuviese dentro. Unos días atrás casi le pillaron con el carrito de los helados en la puerta, pero no volvería a repetir el mismo error. Había adoptado precauciones adicionales.
Llevar gafas de sol y gorra en el interior de una tienda de cómics podía parecer muy guay o muy estúpido dependiendo de los ojos de quien mirase; probablemente lo segundo para la mayoría. El anonimato no era sencillo, no muchos chavales del pueblo tenían un pelo tan perfecto como el suyo, y no podía arriesgarse a que cualquiera le reconociese. A Jimmy Hogg le faltaría tiempo para correr la voz por todo el insti. Dichosa popularidad. Su don, su maldición.
Llevaba bajo el brazo varias colecciones de Spider-Man. En primer lugar
Deadly Foes of Spider-Man #3, su compra prioritaria por la posibilidad de cerrar una colección completa y porque verdaderamente le estaba encantando el arco, con unos villanos humanizados que no se limitaban a ser tipos duros, sino que afrontaban miedos, mostraban dificultades para trabajar en equipo y se preocupaban por su reputación tanto como por el éxito de sus planes. Necesitaba saber como se resolvería la historia de esos pobres perdedores, y tenía genuina curiosidad por las verdaderas intenciones de Leila. También se había llevado el
Spider-Man #12 porque leyó el anterior y aunque no se enteró del todo de la trama, que parecía literatura demasiado sofisticada y compleja para él, el dibujo era sencillamente brutal, el mejor que él hubiese visto nunca; y el
Amazing Spider-Man #349 por ser la cabecera principal del personaje.
Evidentemente le gustaba el hombre araña, aunque no era el único superhéroe por el que albergaba interés en conocer sus nuevas aventuras. También cargaba el
Wolverine #41 (el mes pasado leyó Weapon X, de Marvel Comics Presents, y no se había enterado de un pijo) y el
Sensational She-Hulk #29 (en portada salía Spider-Man en lo que parecía una cita problemática, tal vez aprendiese un par de cosas útiles para ligar); y de DC estaba buscando el Emerald Dawn II #4 para continuar con su colección, pero no lo veía por ningún lado, y no se atrevía a preguntar a Gus. Decir en voz alta que quería un cómic le parecía similar a admitir un crimen. Sus ojos inquisitivos se toparon con los del librero, que le observaba fijamente. Escudado por las gafas de sol, Marc se atrevió a corresponder el contacto visual tres cuartos de segundo antes de agachar la cabeza de nuevo hacia los tebeos. La de Gus no era tanto una mirada de “no te atrevas a robar” como de “ten huevos a hacerlo”, y no pensaba desafiarla. No solo porque no necesitaba una mancha así en su expediente, sino porque no podía arriesgarse a que le prohibiesen la entrada en la única tienda de cómics del lugar. Además del inconveniente en sí, resultaría difícil justificar su foto junto a la entrada.
Vio entre las novedades el Green Lantern #14, pero el héroe en la portada no era (muy evidentemente) Hal Jordan, y por lo que pudo ojear en su interior tampoco parecía aparecer en la historia. No es que tuviese nada en contra del tal John Stewart, pero no pensaba meterse en dos colecciones de diferentes Lanterns. Sí fue sin embargo una motivación para tomar el
Justice League America #52, recordaba vagamente a Guy Gardner y parecía un personaje bastante molón, aparte de que la portada prometía un enfrentamiento de boxeo entre héroes. Malo sería que no resultase divertido. Lo que no sabía era si el grupo bueno era ese o el de
Justice Society of America #4, así que por si acaso lo agarró también. Más adelante se quedaría con el mejor equipo de los dos y descartaría al otro.
—¿Seis pavos? ¿Se te ha ido la olla? —murmuró en voz muy baja tras tomar de una estantería el primer número de Batman: Full Circle y devolverlo casi en el acto al mismo sitio. Dudó con el
Batman #464, del anterior número no le había hecho mucha gracia que transcurriese en el desierto, pero finalmente decidió llevárselo, era Batman. Al lado del murciélago, las colecciones de Superman. Hasta ahora había pasado del gran azul, no pensaba que un héroe con los calzoncillos por fuera pudiese molar (el hombre murciélago era la excepción), pero arrancaba una nueva cabecera. Si quería probar no tendría ocasión mejor, y si no le gustaba al menos tendría el número uno. Lo mismo hasta valía algo en el futuro—. Al carajo, conmigo —decidió finalmente sumando el
Superman: Man of Steel #1 a su particular bolsa de la compra.
Curioseó, fuera de los supers, el Nosferatu: Plague of Terror #1 y el
Predator: Big Game #3, sopesando el interior de ambos. Aunque fuese un debut, lo cual gozaba de cierto encanto, el Predator reventaría a ese vampiro afeminado cualquier día de la semana. Sumó el tebeo del depredador a su colección simplemente porque ya que estaba ahí dentro mejor amortizar la visita. Se dirigía ya de regreso al mostrador, mirando alrededor como haría un terrorista antes de inmolarse, cuando su mirada engrisecida se topó con el famoso
Infinity Gauntlet #1. Era difícil pasar por alto que era el tebeo con más ejemplares de la tienda, y el tal Murry lo había mencionado cuando se cruzaron junto a la entrada. La cubierta resultaba ciertamente espectacular, y había muchos héroes, incluido Spider-Man. Bah, de perdidos al río. Y no muy lejos, un poco elevado respecto a la mayoría de cómics, vio también la portada de
Tank Girl #1. En un alarde de pubertad encajó un ejemplar entre los tebeos que ya cargaba, como si lo escondiera, y continuó andando fingiendo naturalidad.
—¿Te los llevas todos? —preguntó Gus.
“No, viejo, los traigo para que vuelvas a colocarlos en su sitio”, pensó Marc.
—Sí —respondió Marc secamente.
- Batman #464: 1$
- Deadly Foes of Spider-Man #3: 1$
- Infinity Gauntlet #1: 2,5$
- Justice League America #52: 1$
- Justice Society of America #4: 1$
- Predator: Big Game #3: 2,5$
- Sensational She-Hulk #29: 1,5$
- Spider-Man #12: 1,75$
- Superman: The Man of Steel #1: 1,75$
- Tank Girl #1: 2,25$
- The Amazing Spider-Man #349: 1$
- Wolverine #41: 1,75$
Total:
19$