En cualquier proceso pueden haber errores, erratas, fallos técnicos o mecánicos, y cagadas variadas, pero en un trabajo serio deberían estar todos a una para evitarlos y minimizarlos, y cuando se cuele uno, arreglarlo lo antes posible. Para eso están la supervisión y los controles de calidad.
A mi lo que me parece que hace que se cometan tantos errores, en cualquiera de las fases de edición, son la fata de supervisón, la prisa y el abaratamiento de costes:
Si en lugar de traductores de nivel pones otros peor pagados, tendrás un peor trabajo. Si además les sobrecargas de trabajo y les metes prisa para llegar al fechas de entrega, peor.
Si el editor no marca normas estrictas de traducción y trabajo (sean las que sean) que homogenicen estilos, traducciones, glosarios, entonces cada traductor tirará de su estilo propio, aparecen las preferencias del traductor, lenguajes inclusivos, localismos y coloquialismos, adaptaciones raras, diferentes traducciones para los mismos nombres, además de posibles vicios ortográficos y gramaticales.
Si en lugar de usar la cantidad adecuada de traductores, con un supervisor final, cargas a dos o tres personas para hacer casi todo, con prisa y sin supervisión final efectiva, peor.
Si en lugar de la mejor imprenta, maquinaria, materiales y personal técnico posible, te vas a lo más barato/rápido, peor.
Si en lugar de hacer una galerada física para revisarla en detalle y sin prisas antes de dar la orden final de imprimir, tiras de revisar un pdf en el que no vas a ver el resultado final sobre el papel de reproducciones, líneas, colores, textos, peor.
Si usas el papel malo, tintas mal ajustadas y pones la maquinaria a toda velocidad, sin respetar tiempos de secado, va a salir todo corrido, con manchas, mal encolado, mal guillotinado, etc.
La solución es fácil, dedicar más recursos de personal, materiales y tiempo, en resumen, dinero. Pero eso no nos gustaría a los clientes, porque la consecuencia directa serían precios mucho más caros, retrasos con respecto a la edición original, menos material cada mes para no abarcar más trabajo del que se puede asumir, dejando fuera todo lo no comercial. Con el mercado que hay, eso no es posible, cada semana hay que saturar de novedades las tiendas, abaratar los costes sin abaratar los precios, seguir hinchando el globo del mercado.