Otro texto interesante de
Hy Bender de su
Companion es el dedicado al germen de la obra, en el que se incluye una entrevista con
Neil Gaiman recordando cómo surgió el proyecto a mediados de los años 80, cómo empezó su amistad con
Alan Moore o la manera en que llamó la atención de
DC Comics.
Al igual que en mi anterior mensaje, la traducción proviene de la edición de
Planeta DeAgostini. También he realizado algunos retoques menores en el texto.

HA NACIDO UN SUEÑO"Nada sucede a menos que antes haya sido un sueño".CARL SANDBURG
Neil Gaiman nació en el piso de encima de la carnicería de su padre en Portchester, Inglaterra, el 10 de noviembre de 1960. A la madre de
Gaiman le gustaban las historias y expuso a su hijo con entusiasmo a la palabra escrita; uno de los recuerdos más vívidos de
Gaiman es el de unas letras de madera que le compró su madre cuando tenía dos años.
"Pintamos las vocales de rojo con esmalte de uñas", recuerda, "así que las vocales siempre me han olido a esmalte".
La madre de
Gaiman también le leía libros. Con tres años, se impacientó por tener que depender de un intermediario y aprendió a leer. Fue el comienzo de una adicción que todavía le dura.
"Siempre llevaba libros encima", dice
Gaiman. "Mis padres me cacheaban cada vez que íbamos a una reunión familiar, como una boda o un bar mitzvá, porque suponían que llevaba algún libro encima. Y no se equivocaban: me pasaba el día leyendo bajo una mesa".
Gaiman leía libros de forma indiscriminada. Cuando tuvo edad suficiente para visitar la biblioteca para niños de su pueblo, rápidamente devoró toda la colección. Luego atacó los estantes de libros para adultos, empezando por la "A" y leyendo los libros por orden alfabético.
Aunque leía de todo, los libros favoritos de
Gaiman eran las historias de magia y fantasía de autores como
James Branch Cabell,
C.S. Lewis y
J.R.R. Tolkien. "Mi gran fantasía cuando tenía diez años", dice
Gaiman, "era viajar a un universo paralelo idéntico al nuestro, salvo que en ese otro universo nadie había escrito
El señor de los anillos. Yo llevaba mi ejemplar, hacía que alguien me lo escribiese a máquina, lo enviaba a una editorial y me convertía en el aclamado escritor de
El señor de los anillos sin necesidad de mover un dedo".
Gaiman empezó a escribir poemas con tres años e historias con personajes que aparecían repetidamente con ocho años. Pero tardaría mucho en tener confianza en sí mismo como escritor de ficción.
Otra forma de fantasía le llamó la atención en el verano de 1967, cuando un amigo de su padre le prestó una caja llena de cómics. En la caja había algún
The Mighty Thor, de
Marvel, que dejó a
Gaiman fascinado y le animó a buscar libros de mitología. "Me llevé una gran desilusión cuando descubrí que el auténtico Thor de las leyendas nórdicas era grandullón y barbudo", dice
Gaiman, "en contraposición al adonis rubio de Marvel con alas en el casco. Pero me gustó que Loki fuese más o menos igual en ambas versiones". Más adelante,
Gaiman recurrió a sus conocimientos mitológicos para crear historias como
Estación de nieblas.
En la caja también estaba el
Justice League of America #47, que permitió a
Gaiman descubrir al Sandman original de
DC, un detective que se disfrazaba con una máscara antigás y llevaba una pistola que lanzaba gas del sueño (como homenaje,
Gaiman utilizó el diseño de la extraña máscara como base para el yelmo que llevaba su propia versión de Sandman).
Gaiman estaba enganchado. Años después escribió en un artículo publicado en
Sandman #4 que le devolvió los cómics a su propietario, "pero yo continué buscando y leyendo cómics americanos: el mal ya estaba hecho. (...) No era solo una caja de cómics. Era una caja de sueños".
A los 11 años,
Gaiman estaba tan embrujado por los cómics que decidió que quería escribirlos para ganarse la vida. Pero no se lo contó a nadie hasta que, con 15 años, un orientador visitó su instituto para orientar a los alumnos a la hora de elegir carrera.
"Cuando el orientador me preguntó a qué quería dedicarme, no lo dudé, porque llevaba años queriendo decírselo a la persona adecuada", recuerda
Gaiman. "Así que contesté: 'Quiero escribir cómics americanos'. Me habría gustado que me hubiese dicho: 'Vale, es una ambición muy loable. Deberías ir a la
School of Visual Arts de Nueva York, y deberías practicar tu oficio, y esta es la gente con la que deberías hablar para abrirte camino""
"Pero lo que me contestó fue: 'Oh, no puedes dedicarte a eso. ¿Te has planteado estudiar contabilidad?""
Gaiman se ríe ahora, pero dice que en aquel momento le dolió mucho. "Aquel orientador era la primera persona que me preguntaba abiertamente qué quería ser de mayor; y después de contárselo, me dijo que mi objetivo era irrealizable. Me hizo desistir. De hecho, dejé de leer cómics durante nueve años".
Claro que esos momentos de desaliento son típicos del desarrollo de casi todo creador, pero obviamente
Gaiman superó este primer revés a su sueño. En la siguiente entrevista revelamos cómo lo hizo, y qué zigzags en su carrera como escritor le llevaron a crear
Sandman.
LOS AÑOS COMO PERIODISTA
Hy Bender: ¿Qué hiciste después de dejar los cómics en 1975?
Neil Gaiman: Seguí leyendo muchos libros, claro. Había empezado a intentar escribir profesionalmente en 1980. Terminé unos cuantos relatos y un borrador de un libro para niños, pero nadie quería comprar mis obras de ficción.
Tras unos 18 meses de cartas de rechazo —cartas educadas, pero de rechazo, al fin y al cabo—, un buen día decidí: "O no tengo talento —y eso me resisto a creerlo—, o no lo estoy haciendo bien. Voy a intentarlo con el periodismo, y por el camino veré cómo funcionan las cosas, cómo se encargan los artículos de revista, cómo se publican los libros, cómo se venden los guiones para televisión".
Compré un ejemplar del
Writer's and Artist's Yearbook, un anuario con información de contacto de revistas, y me puse a llamar a los editores directamente. Cuando me preguntaban para quién había escrito, yo mentía. Sabía que ningún editor iba a comprobarlo, porque lo importante era la calidad de la idea que les proponía y, una vez logrado el encargo, la calidad de mi escritura.
HB: Incluso cuando querías comenzar una carrera apartado de la ficción, recurriste a contar historias. ¿Para qué revistas dijiste haber trabajado?
NG: Time Out,
City Limits,
The Observer,
The Sunday Times of London Magazine... en otras palabras, publicaciones inglesas que me inspiraban respeto. Y durante los siguientes cinco años, llegué a escribir de verdad para todas las revistas que había mencionado en esa primera semana de llamadas telefónicas. En realidad, no estaba mintiendo, solo estaba adelantándome a los acontecimientos. [Risas.]
HB: ¿Qué revista fue lo bastante sagaz para ofrecerte tu primer encargo?
NG: Penthouse. [Risas.]
Robert Silverberg estaba en la ciudad para una convención de ciencia ficción, y a otra revista le propuse entrevistarlo usando la frase: "
Bob Silverberg es el tipo que introdujo el sexo en la ciencia ficción". Al editor no le interesó, pero me dijo: "¿Por qué no pruebas en
Penthouse? Les gusta cualquier cosa artística con un matiz sexual". Lo hice, y lo aceptaron. Hice unos cuantos artículos para la revista, porque resulta que uno de sus editores era un gran aficionado a la ciencia ficción. Cuando un editor lo dejó,
Penthouse me ofreció su puesto, pero decidí seguir como
freelance.
HB: Penthouse no fue la única revista para hombres para la que trabajaste.
NG: Exacto. Mi trabajo más estable fue para
Knave. Por pura pura coincidencia, llamé por teléfono al editor de
Knave,
Ian Pemble, poco después de que él tuviese una especie de experiencia a lo "camino de Damasco". Al parecer, pensó: "Soy el editor de una revista que los lectores compran exclusivamente porque publica fotografías de mujeres desnudas y una sección de cartas guarras. A nadie le importan los artículos, pero los necesitamos para rellenar las páginas entre los anuncios. Podría publicar los artículos que me gusta leer". Por eso nos contrató a
Kim Newman, a
Dave Langford, a
John Grant, a mí y a unos cuantos escritores más del panorama de la ciencia ficción inglesa, y escribimos artículos regularmente para Knave sin ningún contenido sexual. Durante un par de años,
Knave se convirtió en mi fuente de ingresos más fiable, ya que Ian me permitía hacer entrevistas mensuales con cualquiera que me pareciese guay, gente como
Harry Harrison,
Terry Jones y
Douglas Adams.
HB: Conociste a mucha gente cuyo trabajo admirabas y te curtiste como escritor profesional. Parece que tu plan para descubrir cómo era el mundo salió bien.
NG: Sí. Y lo más curioso fue que, pocos meses después de convertirme en periodista, firmé dos contratos para dos libros: uno rápido sobre el grupo
Duran Duran que escribí por dinero y una recopilación de extractos absurdos de novelas de ciencia ficción y películas de género titulada
Ghastly beyond Belief, que
Kim Newman y yo hicimos para divertirnos.
VOLVER A ENAMORARSE
HB: Con el tiempo, los cómics volvieron a tu vida. ¿Cómo sucedió?
NG: Gracias al increíble trabajo de
Alan Moore en
La Cosa del Pantano. En 1984, mientras esperaba el tren en Victoria Station, vi un quiosco con un montón de cómics, y me llamó la atención
The Saga of Swamp Thing #25, "El sueño de la razón". No quería comprármelo, pero me lo leí allí de pie, alucinando. Mientras me lo leía, pensé: "Qué bueno es. Pero es imposible, porque los cómics no sirven para nada".
HB: ¿De verdad pensabas eso?
NG: Oh, sí. Había tomado una decisión. Volví a poner el cómic de La Cosa del Pantano en el montón.
El mes siguiente regresé a Victoria Station y vi
The Saga of Swamp Thing #26, "La hora de correr". Volví a leerlo de pie en el quiosco y volví a pensar: "Esto está muy bien escrito, pero no sé", y de nuevo lo dejé en su sitio.
Pasaron un par de meses hasta que volví a ese quiosco, pero un lento proceso de erosión había hecho mella en mis barreras mentales, porque en cuanto vi el
The Saga of Swamp Thing #28, "El entierro", lo compré y me lo leí atentamente en el tren.
Aquello fue el colmo; lo que quedaba de mi resistencia se vino abajo. Empecé a visitar frecuentemente la tienda de Forbidden Planet de Londres para comprar cómics.
HB: ¿Comprabas solo cosas de
Alan, o la maestría de
Alan te dio una excusa para volver a enamorarte de los cómics?
NG: Esto último: volví a enamorarme de los cómics. Era como volver con un antiguo amor y descubrir que seguía siendo guapa. Pero el material de
Alan era impresionante. Demostraba lo que puede hacerse en un cómic y que el cómic puede ser un vehículo tan poderoso para el arte como cualquier otro medio.
HB: Tenías base profesional para llegar a esa conclusión, ya que por aquel entonces trabajabas como crítico de cine.
NG: De hecho, vi todas las películas estrenadas entre 1984 y 1986, sobre todo en pequeños cines de preestreno.
HB: ¿Por qué dejaste de hacerlo después de 1986?
NG: Un buen día pensé que en dos años había visto más de 700 películas, así que me pregunté: "¿Cuántas de esas películas me han cambiado la vida?" O, dicho de otro modo: "¿De cuántas de esas películas puedo decir: 'Si no la hubiese visto, no sería la persona que soy ahora'?". Y se me ocurrieron
Brasil, de
Terry Gilliam,
Static, de
Mark Romanek y
Keith Gordon, y
Pumping Iron II: The Women, por la que sentía un cariño especial. [Risas.]
HB: No son muchas.
NG: No. Pensé que el tiempo que había perdido viendo y reseñando, por ejemplo,
Delta Force, era un tiempo que nunca iba a recuperar. Me hizo darme cuenta de que debía dedicarme a algo que me llenase más.

El aspecto inhumano de Sandman queda patente en este boceto de la propuesta inicial.
Ilustración de
Leigh Baulch.

Un boceto de la propuesta inicial que hace hincapié en los aspectos mágicos y surrealistas de Sandman.
Ilustración de
Leigh Baulch.

La naturaleza de Sandman como ser que abarca muchas historias se insinúa en este boceto de la propuesta inicial.
Ilustración de
Leigh Baulch.
MOORE, MCKEAN Y LA MAGIA
HB: Durante ese mismo período te hiciste amigo de
Alan Moore, que —mejorando lo presente— es posiblemente el mejor guionista de cómics en la historia del medio. ¿Cómo os conocisteis
Alan y tú?
NG: En 1985, cuando se publicó
Ghastly beyond Belief, el libro que había escrito con
Kim Newman, le envié un ejemplar a
Alan con una nota que decía, a grandes rasgos: "Me has hecho disfrutar muchísimo, creo que eres genial. Esto lo he escrito yo, espero que te guste".
Alan me escribió una semana después y me dijo [lo imita increíblemente bien]: "Serás cabrón. ¡Perdí una tarde entera de trabajo leyendo tu libro!". [Risas.] A partir de entonces, empezamos a hablar por teléfono.
HB: Desde entonces, has visto a Alan en persona muchas veces. ¿Cómo lo describirías?
NG: Peludo, como un yeti. [Risas.] Y enorme:
Alan se alza imponente ante ti, como un león. Pero es muy amable, increíblemente gracioso e inteligentísimo.
HB: Alan fue quien te enseñó a escribir un guion de cómic. ¿Recuerdas cómo fue?
NG: Claro. Unos ocho meses después de hablar por teléfono por primera vez, le dije a Alan que dos de sus escritores favoritos,
Clive Barker y
Ramsey Campbell, iban a acudir a la
British Fantasy Convention de Birmingham. Gracias a mi trabajo de periodista, conocía a
Clive y a
Ramsey, así que le dije a
Alan: "Ven. Estaré contigo para que no te sientas fuera de lugar".
Alan fue, yo le hice compañía y nos lo pasamos genial.
Hacia el final del día, estábamos hablando de cómics y yo le dije: "No sé qué pinta tiene un guion de cómic. ¿Cómo le dices al dibujante lo que tiene que dibujar?". Me enseñó cuál era el formato de un guion, paso a paso, en un folio: "Pones 'Página 1 viñeta l', así, y describes lo que sucede en la viñeta, luego escribes el nombre del primer personaje que habla y escribes el diálogo", etcétera.
Después de recibir aquella clase práctica, me fui a casa y escribí un guion de una historia corta titulada “El día que mi bloc de notas se volvió loco”, basada en
John Constantine, el maravilloso personaje de
Alan. Vista ahora, la historia no era gran cosa, y el final era horrible, pero le envié el guion a
Alan y me dijo: "Sí, está bien. El final decepciona un poco". Y utilizó unas cuantas frases de mi historia en el
Swamp Thing #51, Al fin en casa, lo cual me animó mucho.
Lo siguiente que escribí fue una historia de
La Cosa del Pantano ambientada en el siglo XVI titulada “Jack el verde” y se la envié a
Alan. Cuando le pregunté qué le había parecido, me dijo: "Sí, me hubiese gustado haberla escrito yo". Eso me hizo muy feliz.
Y entonces, como prueba de mi ambición por comenzar una carrera como escritor de ficción, no escribí ningún guion más. Pensé: "Vale, ahora ya sé cómo escribir un cómic", y lo dejé ahí.
HB: ¿Y qué te dio el empujoncito que necesitabas?
NG: Unos meses después, mientras estaba en un pub cerca de Forbidden Planet, me tropecé con un tío que me dijo que iba a crear un cómic "exclusivamente con nuevos talentos sin experiencia". Visto ahora, debería haberle preguntado: "¿Eso es porque cualquiera que tenga algo de experiencia sabe que no tiene que meterse en ese proyecto?". Pero era joven, así que le envié los dos guiones que había escrito, me dijo que eran "fenomenales" y me apunté al proyecto.
Como ya supondrás, las cosas con él no salieron bien. Pero entre los otros nuevos talentos sin experiencia que encontró había un chaval al que le gustaba dibujar llamado
Dave McKean. Y así nos conocimos
Dave y yo.
HB: ¿Cómo os convertisteis Dave y tú en buenos amigos y colaboradores? ¿Congeniasteis enseguida?
NG: Básicamente. Nos admirábamos mucho el uno al otro. Yo creía que
Dave era un genio. Y nos caímos muy bien.
HB: ¿Cómo describirías los gustos artísticos de
Dave y los tuyos?
NG: Como enormes diagramas de Venn: se solapan, pero van en distintas direcciones. Dave me abre al arte, a la música y a la gente del teatro, como Russell Mills, y yo abro a Dave a gente como Stephen Sondheim. Nuestras diferencias nos resultan útiles a los dos, porque él ve cosas que yo no veo, y yo le señalo cosas que a él no se le hubiesen ocurrido.
HB: ¿Qué fue lo que propició vuestra primera colaboración?
NG: Poco después de que
Dave y yo nos conociéramos,
Paul Gravette, de la revista
Escape, quiso hacer un artículo sobre el proyecto de cómic en el que estábamos trabajando. A
Paul le gustó lo que estaba dibujando Dave y lo que yo estaba escribiendo, y nos pidió hacer una historia de cinco páginas para
Escape.
Dave y yo lo estuvimos hablando y, una semana después, llamé a Paul y le pregunté: "¿Te parece bien si, en lugar de una historia de cinco páginas, hacemos una novela gráfica de 44 páginas titulada
Violent Cases (
Casos violentos)?". Y Paul, bendito sea, dijo que sí. Y la hicimos.
HB: ¿Cómo pasasteis
Dave y tú de trabajar en vuestra elogiada
Violent Cases a trabajar para
DC Comics?
NG: Por casualidad.
Dave lo intentó por primera vez en agosto de 1986, cuando se pagó de su propio bolsillo un viaje a Nueva York para visitar todas las editoriales de la zona:
Marvel,
DC, los
Continuity Studios de
Neal Adams, etcétera. Yo pensaba que había que estar ciego para no reconocer su talento, pero volvió sin trabajo. No había hablado con las personas adecuadas.
El mes siguiente, en septiembre de 1986, se celebraba la
UK Comic Art Convention anual, y
Karen Berger iba a acudir como contacto de
DC Comics con los escritores y guionistas británicos. Me acerqué a Karen y me presenté, y ella me respondió: "Ah, sí,
Alan Moore me ha hablado de ti". Me lo tomé como una buena señal e inmediatamente le envié mi guion de “Jack el verde” para La Cosa del Pantano.
Cinco meses más tarde, después de ver que
Alan Moore,
Brian Bolland,
Dave Gibbons y otros británicos habían hecho un buen trabajo, DC decidió que nos quería a todos. En febrero de 1987,
Alan me llamó para decirme que
Karen iba a volver a la ciudad en busca de talento británico. Y esta vez la acompañaba
Dick Giordano, que era vicepresidente de
DC...
HB: Deja que te interrumpa un momento para señalar que
DC acertaba de pleno: había, como luego se vio, muchos autores de cómic de talento en el Reino Unido a la espera de que un astuto editor los contratase. ¿Por qué crees que era así?
NG: En parte, porque nadie se había molestado en venir a por nosotros. Pero otra razón, yo creo que más importante, es que en el Reino Unido había una generación que había crecido leyendo cómics de
DC desde un curioso punto de vista. En EE.UU., esos cómics se leían sin ironía; en Inglaterra eran como postales de otro mundo. La idea de un lugar que se pareciese a Nueva York, la idea de bocas de incendio y pizzerías, todo nos resultaba tan extraño como la idea de que alguien llevase capa y los sobrevolase. Esos cómics los leían chicos inteligentes y rebeldes, y los veíamos como parte de un movimiento cultural dinámico, junto a
David Bowie y el punk,
Roger Zelazny y la Nueva Ola de la ciencia ficción, y las historias de
William Burroughs.
HB: ¿Cómo llamasteis
Dave y tú la atención de los cazatalentos de
DC?
NG: Muy sencillo: le pedí a un amigo inglés que me diese el nombre del hotel donde se hospedaban. Llamé por teléfono, se puso
Dick y le dije: "Un guionista de cómic inglés y un dibujante de cómic inglés quieren ir a verte", y
Dick dijo: "Vale. El jueves a las 2". Luego llamé a
Dave para decirle que íbamos a ver a
Dick y a
Karen, y
Dave me contestó: "En realidad no quieren vernos, solo ha sido amable". [Risas.] Yo le dije: "
Dave, vamos a ir". Y escribí una historia del Fantasma Errante para el día siguiente.
HB: Me gustaría señalar que la actitud que describes es un giro de 180 grados con respecto a la del niño que se deprimió por la opinión de un orientador. Parece que tus años como periodista te sirvieron para desarrollar confianza en ti mismo.
NG: Es verdad. Cuando llegó el jueves, allí nos presentamos.
Dave seguía diciendo que iban a invitarnos a marcharnos, como le hicieron durante su viaje a Nueva York. Abrimos la puerta,
Karen levantó la vista y dijo: "¡Neil! No sabía que íbamos a reunirnos contigo. Iba a llamarte de todos modos, porque he leído tu historia de "Jack el verde" en el avión y me ha gustado mucho". Otra buena señal.
Dave le enseñó su trabajo a
Dick, y a
Dick le encantó, porque
Dick es un dibujante experto con mucha vista. Les propuse mi historia del Fantasma Errante y me dijeron: "No, el Fantasma Errante lo lleva
Paul Kupperberg. ¿Qué otra cosa te gustaría hacer?". Empecé a enumerar personaje tras personaje, y a todos me dijeron que no, porque todos se los habían prometido a otros escritores.
Al final, sugerí
Black Orchid (
Orquídea Negra) y
Karen contestó: "¿
Black Hawk Kid? ¿Quién es ese?". [Risas.]
HB: Dicho de otro modo, llegaste a un personaje tan poco conocido que nadie más se había planteado usarlo.
NG: Más o menos.
Dick sí la conocía, y dijo: "Sí, Orquídea Negra, me acuerdo de ella. Buen personaje. Claro, ocúpate de Orquídea Negra".
En el tren de vuelta a casa empecé a desarrollar el argumento. A la mañana siguiente, llamé a
Dave y me pasé media hora contándole la historia. Le encantó, y pintó cuatro cuadros. Mientras, yo me senté a escribir un borrador largo. Y dejamos nuestro trabajo terminado en el hotel de
Karen y
Dick justo antes de que se fuesen el domingo por la tarde. Años después,
Karen me dijo que, para ellos, lo más importante fue el hecho de que el jueves nos propusieran ocuparnos de
Orquídea Negra y que el domingo se fuesen con un borrador detallado y cuatro enormes cuadros preciosos. Así empezamos a trabajar
Dave y yo para
DC Comics.

El primer anuncio de
Sandman incluía una cita inspirada en
T. S. Eliot.
Ilustración de
Mike Dringenberg.
UN SUEÑO SE HACE REALIDAD
HB: Debido al buen trabajo que
Dave y tú hicisteis en la miniserie de tres números
Black Orchid, DC decidió publicarla en tomos de formato prestigio de papel satinado que sigue reeditándose a día de hoy. ¿Cómo pasaste de ahí a
Sandman?
NG: Por casualidad, una vez más. El siguiente paso fue en septiembre de 1987, cuando la gente de DC volvió a asistir a la
UK Comic Art Convention. Dave y yo estábamos cenando con
Karen Berger y
Jenette Kahn.
Karen me preguntó qué quería hacer cuando hubiese terminado con
Black Orchid. El personaje me había parecido un poco rígido y con posibilidades muy limitadas, así que dije: "Me gustaría escribir una serie que pueda moverse en cualquier dirección. Quizá podría hacer algo con la versión de Sandman de los años 70". Asintieron educadamente, pero sin comprometerse a nada. Lo siguiente fue una llamada de teléfono de Karen, un mes después, y me dijo: "
Neil, tenemos un problema: estamos preocupados por
Black Orchid. Vamos a publicarlo como un tomo caro en formato prestigio, pero los autores son dos tíos a los que no conoce nadie, y va de un personaje del que nadie se acuerda. Encima, Orquídea Negra es mujer, y los personajes femeninos no venden bien". Eso se creía en aquella época. La percepción sobre la viabilidad comercial de las mujeres protagonistas de cómics ha cambiado desde entonces, pero te estoy hablando de octubre de 1987.
Le dije: "¿Qué propones?", y Karen respondió: "
Grant Morrison va a escribir una historia de
Batman titulada
Arkham Asylum; nos gusta mucho y vamos a darle mucha publicidad. Vamos a encargársela a
Dave McKean para que la dibuje, y eso dará a conocer a
Dave. Y a ti vamos a encargarte una serie mensual para que la gente empiece a conocerte. Cuando seáis un poco conocidos, publicaremos
Black Orchid".
HB: ¿Así que
Sandman nació del intento de promocionar
Black Orchid?
NG: En última instancia, sí. En aquel momento, no me gustó nada la idea, porque
Dave y yo queríamos que nuestro trabajo se publicase cuanto antes. Tampoco nos gustaba la idea de que un material más antiguo se publicase después del material nuevo, porque éramos unos creadores jóvenes que empezábamos a publicar nuestra obra y nos preocupaba que nos considerasen unos retrógrados. Al final,
DC decidió no esperar 18 meses para publicar
Black Orchid, así que la serie se publicó antes de
Arkham Asylum y se vendió bien, lo cual demostró que no había motivo de preocupación.
HB: Volvamos a cuando
Karen te ofreció una serie mensual. ¿Qué pasó a continuación?
NG: Karen me preguntó sobre qué personaje quería hacer una serie. Yo le dije: "
El Fantasma Desconocido". [Risas.]
HB: Ahora resulta curioso por los muchos personajes no superheroicos que desde entonces han creado escritores como
Alan Moore y tú. Pero entonces, el Fantasma Desconocido era uno de los pocos personajes de terror/misterio de
DC más abiertos; es decir, llevaba un bonito sombrero y una gabardina y pasaba de un suceso extraño a otro.
NG: Y eso fue lo que hizo que lo descartasen. Cuando le propuse el Fantasma Desconocido,
Karen me dijo que sí, y pensé que ya estaba en el bote. Pero al día siguiente,
Karen volvió a llamarme y me informó: "
Dick dice que no puedes hacer el Fantasma Desconocido porque no es un personaje heroico. Es demasiado pasivo y aparece en las historias de los demás. ¿Qué otra cosa te gustaría hacer?"
Le dije: "No sé, ¿qué tal
Demon?", y Karen contestó: "No,
Matt Wagner va a relanzar a Demon. ¿Qué otra cosa te gustaría hacer?" Quizá nombré a otros personajes, ya no me acuerdo.
Al final,
Karen dijo: "Oye, ¿y esa idea de Sandman que nos propusiste hace meses? ¿Por qué no la usas para tu serie mensual? Pero no uses al Sandman de los 70, porque
Roy Thomas ya lo está usando en
Infinity, Inc". Lo que me había fascinado no era el personaje en sí, sino la idea de alguien que vivía en sueños.
Karen, bendita sea, dijo: "Crea un nuevo personaje con el mismo nombre", y yo respondí: "Ah, vale". Fue una solución maravillosa, porque me liberó de toda la carga de la continuidad de
DC.
HB: Y te pusiste a escribir.
NG: Empecé a escribir un par de páginas de un borrador. Poco después, a finales de octubre de 1987, tuvimos un huracán. Fue el primer huracán en Inglaterra en más de 300 años. Cayeron muchos árboles y nos quedamos sin luz.
HB: Qué comienzo tan prometedor para una serie de terror.
NG: Y tanto. Estuvimos sin luz durante una semana y yo no podía escribir porque por aquel entonces ya lo hacía todo en el ordenador. Así que, mientras en
DC esperaban a que les enviase un borrador, yo me paseaba por la casa a oscuras y experimentaba siete días de una forzosa "incapacidad para escribir". Visto ahora, creo que eso me sentó bien.
Cuando por fin volvió el suministro eléctrico, recuerdo que fui de habitación en habitación, encendiendo y apagando las luces, regocijándome con la electricidad. Al haber tenido tiempo y el entorno adecuado para reflexionar sobre la serie, no tardé en terminar mi borrador de
Sandman y enviarlo a
DC. Después de cierto tira y afloja, el proyecto recibió el visto bueno.

Dibujo de prueba de
Sam Kieth y
Mike Dringenberg, primeros ilustradores de la serie.
BATALLAS CREATIVAS
HB: Teniendo en cuenta ese tira y afloja, ¿hubo algún aspecto importante de la serie que tuvieses que defender?
NG: Solo hubo una batalla crítica, y fue por la decisión que tomamos
Dave y yo de que Sandman solo aparecería en portada en el primer número. Desde
DC nos preguntaban: "Pero ¿cómo sabrán los lectores que es un cómic de Sandman si no aparece en portada?", y nosotros les contestábamos: "Porque pondrá SANDMAN con letras grandes en la parte de arriba". Al final ganamos esa batalla, y fue una victoria extremadamente importante.
HB: ¿Por qué era tan importante?
NG: Porque significaba que operábamos fuera del paradigma de los cómics. Hasta ese momento, era una regla de obligado cumplimiento que en un cómic mensual siempre apareciese su protagonista en portada. Las portadas sin protagonistas se habían hecho en miniseries, como en el
Watchmen de
Alan Moore y
Dave Gibbons, pero nunca en un cómic mensual. Las portadas de
Dave McKean para
Sandman dejaron clara una cosa: a mí me ayudó a experimentar con lo que aparecía dentro del cómic. Por ejemplo, me facilitó escribir números enteros donde Sandman ni siquiera aparecía.
HB: Hay al menos otra batalla que creo que también ganaste, aunque tarde, que tiene que ver con el lenguaje.
NG: Ah, sí, en
Sandman #64, por fin nos permitieron usar la palabra "joder". Fue la primera vez que se hizo en
Vertigo, el sello de fantasía/terror de
DC Comics donde se publicaba Sandman. Yo había incluido la palabra "joder" en algunos de mis guiones anteriores, pero nunca llegó a publicarse, y fue una pena, porque solo lo ponía cuando pensaba que era importante para la historia. Así que puse en marcha una pequeña campaña. Dije: "Esto es ridículo, hay escenas donde necesito usar esa clase de lenguaje". Nos costó un poco, pero al final otros escritores de Vertigo y yo pudimos usar la palabra maldita.
HB: ¿Tuvo alguna repercusión?
NG: Qué va, ninguna. [Risas.] Esa es la cuestión: todas las cosas que preocupan a la gente y que después nunca tienen repercusiones.
HB: Entonces, a pesar de los numerosos zigzags, todo salió bien. ¿Crees que tu vida hubiese sido diferente si
DC te hubiese dado luz verde al proyecto del Fantasma Desconocido, o al de Demon, o al del Sandman de los 70?
NG: Creo que no. Independientemente del personaje que me hubiesen asignado, seguramente habría terminado haciendo casi todas las cosas que hice al final. Pero si hubiese escrito un personaje ya existente de DC, no creo que le hubiese aportado ese compromiso extra que tuve con
Sandman.
HB: ¿A qué te refieres con lo del "compromiso extra"?
NG: Hacia el final de la serie hubo períodos en que
Sandman parecía más grande, profundo e importante que el resto de mi vida. Ahora, si me preguntas algo sobre
Sandman, quizá te conteste: "No me acuerdo", y tendría que echarle un vistazo al número en cuestión para responderte. Pero mientras trabajaba en
Sandman, siempre lo recordaba todo: viñeta por viñeta, frase por frase, palabra por palabra. También recordaba de dónde había salido todo, quién era todo el mundo, qué historias había contado de cada personaje y qué historias quería contar. Lo guardaba todo en mi cabeza, en la memoria RAM de mi cerebro. Sentí un gran alivio cuando terminó la serie, porque eso me permitió "descargarlo de la memoria".
HB: Pero aún recuerdas muchas cosas. Ahora que
Sandman ha terminado, ¿alguna vez echas de menos a los personajes?
NG: No, por la simple razón de que no se han ido. Me he deshecho de los detalles secundarios, pero los personajes siguen viviendo en mi cabeza. Siempre serán parte de mí.
PRIMERAS IMPRESIONES SOBRE SANDMAN
Reproducimos aquí las notas originales donde se planteaba usar la versión del Sandman de los 70 en una serie:
“Lo que más me fascina de Sandman es imaginarme a alguien que viaja en sueños. Eso es interesante. Pero lo demás lo descartaría casi todo. O, si no, lo llevaría un paso más allá. Sandman vive en la Corriente Onírica. Su medio de transporte es andar entre sueños. Si tiene hambre, comerá en un sueño con comida. Si quiere encontrarse con alguien, se encontrará con él en un sueño en un momento determinado.
Su Cúpula del Sueño fue algo que "creó" al entrar por primera vez en la Corriente Onírica. Al principio se mantenía bastante estable gracias a su capacidad de concentración para mantenerla en su sitio. A medida que fue acostumbrándose a la Corriente Onírica, fue volviéndose menos rígido y su casa comenzó a cambiar. Algunas partes aún existen, pero en medio de un lugar que cambia constantemente, se funden fragmentos de habitaciones donde ha estado y lugares con los que ha soñado.
El traje era cosa de Jeb, el niño, que se lo imaginaba así. Viste de rojo y dorado, pero la ropa cambia según quién se lo imagine o cómo se vea él a sí mismo.
Sería divertido volver a las raíces clásicas y mitológicas como las Puertas de Cuerno y las Puertas de Marfil por las que pasan los sueños auténticos y los falsos. También para decidir hasta qué punto los sueños son internos o externos.
Hay unos cuantos habitantes en la Corriente Onírica. Casi todos son coágulos de materia onírica, arquetipos, etc.: Caín y Abel, guardianes de los Misterios y los Secretos, el primer asesino y la primera víctima; quizá también los otros anfitriones de cómics de terror de DC (a excepción de Elvira): Eva, las brujas de The Witching Hour, etc.; Bruto y Glob, que son coágulos de sueño, de inteligencia y de sentimiento en estado puro. Hay más cosas que se meten en los sueños: cosas de dimensiones más oscuras, etc. Pero no tantos como cree la gente.
De vez en cuando, Sandman podría adoptar un papel activo en los sueños: llevar soñadores a la Cúpula del Sueño, etc. Me gustaría establecer paralelismos entre este Sandman y los anteriores, al menos en el sentido en que el Sandman de Simon y Kirby perseguía a los delincuentes en sueños. Tenía una cancióncilla:
"No hay tierra más allá de la ley donde gobiernen los tiranos con inquebrantable poder. Es un sueño del que despiertan los malvados para enfrentarse a su suerte... La hora del espanto”.