Bueno, pues qué decir de Tormenta Galáctica.
Ya sabéis por mis anteriores comentarios que me estaba pareciendo un evento acojonante por su escala cósmica y su tensión bélica, y mi entusiasmo no ha disminuido ni un ápice. Esta recta final me ha ganado por algo todavía más interesante: los conflictos internos entre los héroes.
La guerra Kree–Shi’ar podía haberse resuelto únicamente a base de épica espacial (que la tiene, y mucha), pero aquí el foco se desplaza hacia las consecuencias morales. Y eso eleva el evento varios peldaños y lo desmarca positivamente de otros eventos más ramplones.
Me ha encantado el enfrentamiento entre Visión y Simon Williams, un choque que no es solo ideológico sino casi existencial. La desconfianza, el resentimiento y la distinta concepción de la vida (y de lo que significa estar vivo) añaden una capa emocional muy potente en medio del conflicto galáctico. Hay guantazos de por medio, lógicamente, pero no me han entretenido tanto como su profundo debate.
Pero el auténtico corazón del final está en el cara a cara entre Capitán América e Iron Man. Lo que podría haber sido una resolución explosiva se convierte en algo mucho más interesante: un final anticlimático cojonudo, basado casi exclusivamente en el enfrentamiento dialéctico. La discusión sobre qué hacer con la Inteligencia Suprema —¿impartir justicia o eliminarla para evitar futuros males mayores?— abre una grieta evidente en el grupo.
Aquí aparece esa línea roja entre matar y no matar que divide a los héroes. El Capitán América se mantiene firme en su ética inquebrantable, mientras que Iron Man adopta una postura más pragmática y preventiva. Es imposible no ver aquí la semilla clara de Civil War años antes de que explotara editorialmente. Y eso que no es el primer enfrentamiento entre ambos héroes, como bien habéis indicado antes, pero me parece el más fuerte. La fractura ya está ahí, latente, lista para crecer.
Me parece un acierto enorme que el evento no termine con una gran batalla final que lo resuelva todo de forma espectacular, sino con una decisión incómoda que deja heridas abiertas. Sí, hay una explosión del copón, pero las consecuencias y el cómo se plasman me parecen mucho más memorables. Explosiones tenemos en casi cualquier viñeta. Y con esa sensación de victoria agridulce no todos salen reforzados; algunos salen enfrentados.
En conjunto, Operación Tormenta Galáctica no es solo un crossover cósmico bien armado, sino una historia que entiende que el verdadero drama no está en los rayos láser, sino en las decisiones imposibles. Un cierre valiente, incómodo y tremendamente inteligente.