Los Nuevos Defensores: Marvel Limited Edition 8: Asalto al Imperio (1983-1984)
Reseña en la web de Universo Marvel:https://www.universomarvel.com/resenas-los-nuevos-defensores-marvel-limited-edition-8-asalto-al-imperio-1983-1984-incluye-hombre-de-hielo-1984-1985/Primer tomo de los dos que supondrán el cierre de esta extensa colección llamada Los Defensores, que aquí cambia su título por el de Nuevos Defensores con el evidente fin de intentar remontar ventas.
El guionista sigue siendo J. M. DeMatteis, responsable también de los dos tomos anteriores, aunque en esta ocasión solo permanecerá al frente de la colección hasta aproximadamente la mitad del volumen. En el apartado gráfico, en cambio, el relevo se produce desde el primer número. Alan Kupperberg pasa a ser el dibujante más o menos oficial de la serie, si bien Don Perlin vuelve a hacerse cargo de un número puntual, mientras que Sal Buscema y Mike Zeck se quedan también con un número cada uno.
Ya al final del anterior tomo se nos presentaba esta configuración de los Defensores. Un grupo renovado que ahora integra la Bestia, el Hombre de Hielo, el Ángel, la Gárgola, Valquiria y Dragón Lunar. Dolly Donahue, por su parte, continúa ejerciendo como sirvienta de la mansión de los Defensores y principal personaje de apoyo.
De hecho, el presente volumen arranca prácticamente donde lo dejó el anterior, retomando las tramas que había puesto en marcha esta nueva formación y, especialmente, todo lo relacionado con el Imperio Secreto y su grupo de mercenarios, la Fuerza Mutante, liderada por Perro Loco.
Lo primero que cabe apuntar es el hecho de que los Defensores pasan ahora a convertirse en una formación fija. Esto supone una contradicción con la propia naturaleza del grupo, cuya principal seña de identidad era la condición de no-grupo. Ahora, en cambio, los Defensores se convierten en un supergrupo de superhéroes como cualquier otro, perdiendo esa particularidad que los hacía especiales.
La primera amenaza a la que tienen que hacer frente es Leviatán, un gigantesco ser de escaso cerebro que actúa al servicio del Imperio Secreto después de escapar del control de Nick Furia y SHIELD.
Asimismo, pronto descubrimos que detrás del Imperio Secreto se encuentra el Profesor Poder, un villano creado por el propio DeMatteis durante su etapa en Marvel Team-Up. Su plan consiste en vengarse del Profesor X por lo ocurrido precisamente en Marvel Team-Up, utilizando a los Defensores, previa reprogramación mental, como armas para eliminar a sus pupilos, los Nuevos Mutantes. Y, como si esto no fuera suficiente, también pretende provocar una Tercera Guerra Mundial aprovechando las tensas relaciones existentes entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Sin embargo, lo más relevante de la saga está en la incorporación de un nuevo integrante para estos nuevos Defensores. Se trata de Nube, que ya había aparecido en el anterior tomo en el papel de mercenaria del Imperio Secreto. Es más, una de las antiguas acompañantes de Nube, Seraph, también se sitúa ahora en el lado de los buenos al resultar ser una espía infiltrada en la organización.
La saga resulta bastante dispersa y le cuesta encontrar un rumbo claro, aunque al menos consigue remontar en su tramo final, donde la historia gana bastante en interés. Aunque es posible que en la mejora tenga mucho que ver el número dibujado por Mike Zeck, precisamente el que cierra la saga. Porque lo que son los números de Alan Kupperberg dejan bastante que desear a nivel gráfico.
En cuanto a DeMatteis, el tono que imprime a la serie resulta más pueril que en los tomos anteriores. Los Defensores es probablemente una de las colecciones más ancladas en épocas pasadas de Marvel y que más desentona entre la producción de la mitad de los 80. Las discusiones infantiles por el liderazgo, los continuos enfrentamientos con la arisca y orgullosa Dragón Lunar o las competiciones de adolescentes entre el Ángel y el Hombre de Hielo por intentar ligarse a la propia Dragón Lunar contribuyen a esa sensación. Y todo ello con la pobre Candy Southern por ahí, mientras Warren parece tener siempre la mirada puesta en otra mujer.
Además, creo que DeMatteis abusa de los bocadillos de pensamiento, lo que acrecienta la tendencia al culebrón.
Por otra parte, los Defensores se ven obligados a cambiar de base después de que la anterior quede destruida. Algo que, naturalmente, no supone un gran problema para alguien con los recursos económicos de Warren, que decide trasladar al grupo a una mansión de su propiedad situada en las Montañas Rocosas de Nuevo México.
El último número de DeMatteis hace un poco de puente con la siguiente etapa de la colección. Y es que el guionista se limita aquí a aportar el argumento, mientras que Peter B. Gillis se ocupa del guion. El resultado es un episodio autoconclusivo que lleva el tono humorístico de la colección hasta el extremo. Los tres exmiembros de la Patrulla-X tienen que enfrentarse a un chapucero villano llamado Morsa, mientras la aparición de la Rana Saltarina termina de poner la guinda a una historia supuestamente graciosa.
Empieza la etapa de Peter Gillis.Con la llegada de Peter B. Gillis recuperamos a Don Perlin como dibujante estable para lo que resta de tomo, con la excepción de un número en el que vuelve a hacerse cargo Alan Kupperberg.
La nueva etapa comienza con la amenaza de un hombre convertido en monstruo después de ser afectado por la radiación gamma. Lo que inicialmente parece encaminado hacia un relato de terror fantástico termina convirtiéndose en una aventura superheroica bastante convencional, sin demasiado que aportar.
El siguiente episodio lleva a los Defensores hasta San Francisco, donde forman equipo con una pareja de expedidores de Chinatown que parecen sacados directamente de una buddy movie. Se trata de un thriller criminal de tono bastante distendido, pero la gran pregunta es qué demonios aportan los Defensores en todo ello. Porque podríamos eliminar al grupo de la historia y el resultado sería exactamente el mismo.
En el siguiente número se presenta el Carnicero, un individuo cuya diversión consiste en intentar asesinar a los Defensores uno tras otro. Por suerte, nuestros protagonistas consiguen librarse de la situación gracias a una estrategia supuestamente ingeniosa.
Después llega el turno de Soplete Brand, en una historia relacionada con el tráfico de inmigrantes ilegales. Otra aventura igual de dispersa y anticlimática que la anterior, con desenlace lacrimógeno incluido.
Para finalizar, la Gárgola cae bajo el influjo de un hechicero afgano que termina enfrentándolo a sus propios compañeros. Un episodio en el que Gillis se introduce en terrenos teológicos sin que mejore el resultado.
Todo ello mientras Nube cambia de sexo de manera completamente inesperada, aparentemente para afrontar mejor sus sentimientos hacia Dragón Lunar, de quien asegura estar enamorada. Raro es decir poco.
En cualquier caso, el asunto relativo a Nube ya queda para ser resuelto en el próximo tomo. Lo mismo ocurre con una incógnita de última hora relacionada con la propia Dragón Lunar.
El volumen incluye además dos series limitadas protagonizadas por sendos integrantes de los Defensores. La correspondiente al Hombre de Hielo la analizo a continuación, mientras que la de la Bella y la Bestia cuenta con su propia reseña aparte.
Conclusión.El tramo final de la etapa de DeMatteis acusa ya cierto desgaste después de tantos años al frente de la colección, aunque la saga que abre el tomo resulta, como mínimo, aceptable.
Lo que resulta mucho más difícil de defender es el inicio de la etapa de Peter B. Gillis que recoge este volumen. El nuevo guionista se dedica a encadenar una serie de relatos autoconclusivos sin una dirección definida, pasando de una historia a otra que no tiene nada que ver con la anterior. Por no hablar del pobre desarrollo emocional de las historias.
Por desgracia, el apartado gráfico acaba de rematar el conjunto, especialmente por el muy flojo trabajo de Alan Kupperberg, aunque esta vez Don Perlin no se queda muy lejos.