Shot, water, back [100 Bullets #4-5 (X-XI/99)]
Repetimos el esquema del arco anterior. El agente Graves aparece de la nada en un bar de mala muerte y le entrega al barman, un maletín con una pistola, 100 balas, y las pruebas de que las acusaciones sobre posesión y distribución de fotografías pedófilas que le hicieron caer en desgracia cuatro años antes fueron orquestadas por una pija llamada Megan Dietrich. Una pija que, por casualidades de la vida, va a ir esa noche a su bar.
Durante al fiesta, Lee intenta asesinarla, pero no se ve capaz, y lo único que consigue es robarle un broche. Broche que utiliza al día siguiente como excusa para acceder a su oficina y reunirse con ella a solas. Allí, a punta de pistola, Megan le cuenta que todo fue una broma fruto de ir colocada, y que él fue un daño colateral. Pero que puede solucionarle la vida si le deja vivir, engrosando considerablemente su cuenta corriente y borrando sus antecedentes. Lee se deja tentar, y Megan le pide a cambio la pistola para encontrar a quien se la entregó, pues ha utilizado a Lee para intentar acabar con ella. Tonto de él, Lee acepta, y en cuanto Megan coge la pistola, le vuela la cabeza, y borra todo rastro de él en internet. La historia acaba con una llamada de Megan a un ricachón, informándole que el agente Graves está vivo.
Y esta es la historia principal donde conocemos a Megan, pero en segundo plano, y es algo más que probable que se me pasa en su día, vemos a un sicario dar un golpe en un edificio adyacente, acabando con un helicóptero en pleno vuelo con una simple pistola. Aun no le conocemos, pero ya nos han presentado a Lono.
Azzarello juega con nuestras expectativas, repitiendo el esquema anterior, pero introduciendo un giro al final, que se va intuyendo conforme avanza la trama al darnos cuenta que la "victima" es mucho más interesante que el "ejecutor", y es que esta vez el "ejecutor", Lee, es el que acaba muerto, y la víctima "Megan", la que está envuelta en misteriosa trama que todavía no alcanzamos a vislumbrar.
Y no hay que olvidarse del broche. Todo está relacionado, que nos recordaba Mr. Keating.
Yo de Megan me preguntaría cómo sabía el agente Graves que iba a ir precisamente a ese bar. Igual el pijete que ha organizado la fiesta de cumpleaños de Megan no es tan inocente como podría parecer.