No leí Watchmen mes a mes, pero sí al poco de haber terminado su publicación por parte de Zinco. Un amigo me dejó los 12 números para que me los leyera. Y lo hice. Del tirón. Al día siguiente era todo ojeras, pero no pude parar de leer. No me imagino lo que tuvo que ser leerlo mes a mes, como mi amigo.
Con Sandman no me pasó eso. Lo descubrí desde el principio. Me enganchó y ya no pude soltarlo. Si Watchmen te volaba la cabeza y te demostraba que los superhéroes se podían abordar desde perspectivas inéditas y adultas, Sandman era la confirmación de que había vida más allá de los comics de superhéroes (entremedias, supongo, andaba también Miller y su Señor de la Noche).
El primer número me aterrorizó como a Ellie Marsten (uno de los personajes afectados por la epidemia de sueño) aterrorizó la lectura de A través del espejo. Pero es que claro, leer el primer número de Sandman supuso pasar al otro lado de un espejo. Uno donde no había reglas, o no estaban claras, y donde te esperaba un tipo paliducho y siniestro que era capaz de
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, si así lo deseaba y tú lo enfadabas.
A partir de aquí, más spoilers, pero ya sin caja, que si no va a ser difícil de leer esto.
No sigas leyendo si todavía no te has leído este primer número.
Estás avisado.
Logan, tú también.
¿Ya?
Vale.
Seguimos.
Leído de nuevo este primer número, me doy cuenta que, del que menos sabemos, precisamente, es de Morfeo. Bueno, sí, sabemos que es un tipo capaz de aguantar 70 años metido en una jaula de cristal con tal de vengarse. Si eso no es paciencia y tenacidad (y una mala ostia que te cagas), que baje un dios primigenio y lo vea. Ah, y que es el Rey de los Sueños. Y que es el hermano pequeño de Muerte. Y poco más.
Otra cosa son las víctimas involuntarias de los insensatos actos de Roderick Burguess. Me siguen conmoviendo las vidas truncadas de Ellie, de Unity, de Daniel, de Stefan (Nunca soñó que sería así. Nadie se lo dijo). Dice Karen Berger en la introducción que en Orquídea Negra (la primera serie que publicó Gaiman para DC) le costó conectar emocionalmente con los personajes. De Orquídea Negra ahora mismo no recuerdo mucho y no sé si Berger tiene razón o no (bueno, es Berger, probablemente sí la tenga). Pero, de ser así, Gaiman aprendió la lección rápidamente. Este primer número de Sandman es estructura (¿influencia de Moore?), donde todo funciona como un reloj. Pero no se olvida de dar profundidad a los personajes (hasta los más secundarios),de hacer que nos importen, hasta los Burguess, tan pequeños, tan patéticos en su búsqueda de poder. Los años pasan vertiginosos para nosotros y para ellos Burguess (en contraste con la forma en la que tiene que estar pasando para Morfeo, algo que confirma él mismo cuando por fin es libre), de forma que la vida de Alex Burguess es casi una repetición de la de su padre, Roderick (toda una vida a su sombra). Y cuando llega el final, la historia queda cerrada por su lado, pero abierta por todos los demás, aunque en aquellos tiempos, con solo ese primer número leído, no pudiéramos saberlo.
Kieth no es santo de mi devoción (o no siempre), pero aquí, en este número (y en los siguientes) me funciona. No sé qué habría sido de la serie si hubiera seguido él, cómo habría evolucionado su dibujo, pero lo cierto es que aquí funciona, a pesar de ese estilo caricaturesco que imprime a los personajes. Las composiciones de página son muy buenas (especialmente me ha gustado la descomposición en pequeñas viñetas que hace para mostrarnos el sueño de Alex Burguess, de camino a encontrarse con Morfeo).
Y el color... pues muy de su época. Si me he pillado este primer tomo ha sido, precisamente, por recuperarlo (junto con las páginas de Kieth eliminadas o remontadas). Me gusta.
No sé qué más comentar sin adelantarme a futuros acontecimientos. No tengo muy claro todavía el tono de mis comentarios, ni si seguiré con ellos, aunque he hecho propósito de participar y de mantener dicha participación. Dejo para otros, de momento, la búsqueda de referencias literarias y de otra índole que Gaiman mete en su historia, de momento.
Nos leemos por aquí.
Tened unos felices sueños... y no os olvidéis de despertar.