El problema de los tres cuerpos, de
Cixin Liu.
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.
He acabado el primero de los libros de la trilogía del escritor chino. Y por el momento no estoy buscando la continuación, síntoma claro de que no me ha apasionado la lectura.
En los últimos meses me he "encontrado" con diversos artículos alabando el auge de la literatura china. Algunos, mejor documentados, explican que el gobierno chino lleva bastantes años promocionando su literatura en el exterior, financiando ediciones y traducciones como parte de su expansión cultural. Tiene todo el sentido del mundo, se han convertido en una potencia global y quieren -también- ocupar su espacio en el muy relevante mundo literario como llevamos haciendo los occidentales desde hace dos siglos.
Por lo que parece, una de las ramas que más se ha potenciado ha sido la exportación de literatura de ciencia-ficción, un campo amplio en el que caben tantas interpretaciones como cabezas que sean capaces de imaginarlas. Y en este contexto se entiende la "relevancia" internacional que ha tenido esta obra, con premios destacables, así como versiones audiovisuales (Netflix) y en forma de novela gráfica.
El problema de los tres cuerpos tiene como función principal demostrar dos cosas; lo muy bien desarrollada y lo mucho desarrollada que está la investigación básica en la China del siglo XXI, y lo listos que son los representantes más tópicos de las fuerzas de seguridad china. Para consolidar el primero de los asuntos mencionados, nos lleva de viaje por el comienzo de la Revolución Cultural que supuso el cierre de las universidades en la China revolucionaria de los años 60 del pasado siglo, y el exilio de los más preparados a campos de "reacondicionamiento", o su eliminación, en muchas ocasiones; un problema que se extendió a lo largo de dos décadas y que finalmente se superó por... no se sabe qué (bueno, sí, pero en el libro no se explica). Utiliza para ello la historia de una brillante científica, hija de dos profesores universitarios represaliados, y sus tribulaciones con el sistema represivo de los años 70; cómo elude los problemas que se le van acumulando y acaba en una instalación secreta haciendo tareas cada vez más complejas. El segundo de los puntos de interés se centra en un policía, antiguo miembro de un cuerpo de élite del ejército, que consigue con su sagacidad encontrar las soluciones que los más importantes científicos del país y algunos militares internacionales no son capaces de adivinar.
Un tercer personaje, un científico de investigación aplicada en nanotecnología, sirve como enlace de ambos personajes y, además, como usuario de un juego de realidad inmersiva que es el centro del relato.
El tema es interesante: las soluciones al problema de la relación matemática de tres cuerpos (un sistema con tres soles que interactúan entre ellos de manera aparentemente errática) y la hipótesis de una sociedad que se desarrolla en un planeta que viene con esas condiciones. Ahí es donde reside el cuajo de la novela -lo más interesante, en realidad-, siendo la parte más potente del libro la manera en la que se desarrolla el juego y se le va explicando al científico (y al lector) las consecuencias para la civilización de dicho sistema trisolar.
No revelaré cómo lo hace, ni lo que supone, ya que es lo más interesante del libro y lo que puede incitar a la lectura del mismo.
Sólo añadiré que la forma en la que se trata a los personajes me ha recordado a las películas chinas de mamporros, con unos comportamientos exagerados que no hacen sino ahondar en tópicos que, al menos yo, desconozco si están basados en la realidad del comportamiento de los habitantes de la muy grande y poderosa república china (ejem, ejem). Si se supera este hándicap, el
El problema de los tres cuerpos es bastante disfrutable.