Bruce leyendo Batman #464, Detective Comics #631 y #632 e Indiana y el destino de Atlantis #2
Reseña con unos pocos spoilers y reflexiones del maravillado Bruce.
Era la primera vez que Bruce tenía unos cómics entre sus manos. Estaba deseando abrirlos, leerlos y descubrir sus historias. Aunque Indiana le hiciera ojitos, iba a esperar un poco para abrirlo: quizás era porque el protagonista se llamaba como él, pero iba a empezar a leer los números de Batman que había comprado. Eran tres: Batman #464 y Detective Comics #651-2.
Cuando abrió el cómic book de Batman, dio un leve respingo. Era la tercera parte de una historia que se titulaba
«El espíritu de la bestia». La primera ilustración, sin embargo, le fascinó. Decidió no cerrarlo, sino leerlo hasta el final, recostado sobre la cama. Oh, era una historia de nativos americanos. A papá siempre le habían gustado las películas de vaqueros y de indios. Imaginaba que serían similares.
Batman no tardó demasiado en aparecer en la historia. Por suerte, parecía que uno de los personajes estaba recapitulando lo que había ocurrido hasta entonces con él e introducía un peligro. Batman tenía que rescatar a unas personas que habían sido secuestradas por una especie de chamán vestido de forma extravagante, con colores vivos. Bueno, sin camiseta (mientras llovía), pero con colores vivos en su máscara y en sus pantalones. Era fascinante.
No mires sus abdominales, centráte en la historia, se repetía Bruce en la cabeza. Lo consiguió, pues la historia lo había atrapado. Al parecer, la persona que recapitulaba la historia era otro de los nativos de la reserva. De hecho, el anterior chamán. La relación que lo unía con
Two Hearts, el villano, es que
el hombre con el abdomen de inf... el villano era su nieto. Al viejo, la pena y la culpa lo carcomían. Bruce estaba a cada viñeta más metido en la historia.
Entonces, llegó la acción. ¡La batalla fue brutal! Habían golpeado a Batman con ¿droga alucinógena? (¡Ahora entendía la portada! El héroe imaginaba a Two Hearts como un lobo y a él casi como un murciélago humanoide). Bruce se mantuvo pegado a las páginas del cómic hasta que ineludiblemente llegó a su fin. Casi se le escapó una lagrimilla al ver los sacrificios que eran necesarios para romper el ciclo de violencia. ¡Le había encantado! Se levantó para apuntar en una libreta el nombre del escritor,
Alan Grant, y del dibujante,
Norm Breyfogle (le había encantado cómo dibujó a Batman… y a Two-Hearts, el villano).
Ahora iría con
Detective Comics. Esta vez escribía
Peter Milligan y dibujaba
Jim Afaro. Le sorprendió al principio. ¡Pensaba que se encargaban también Alan Grant y Norm Breyfogle! Imaginaba que cada cómic tendría escritores y dibujantes distintos… Ambos números contaban una misma historia: «El gólem de Gotham». Se bebió ambos como si tuviera solo diez páginas cada uno. A Bruce se le pusieron los pelos de punta desde que empezó a leer la historia: unos supremacistas blancos estaban aterrorizando un barrio de inmigrantes en Gotham bajo la premisa de que estaban allí para atacar su cultura. Convencían a chavales jóvenes… Tras cometer un delito, un hombre judío, llamado Saul, crea a un gólem y este, sin control, mata a los supremacistas uno a uno.
Lo que más le había gustado a Bruce del cómic era que… aparecía aquello que había estudiado en Historia: esa «noche de los cristales rotos» que le había parecido aburrida en clase ahora resultaba terrorífica. Gente vendiéndose los unos a otros, nazis violentos y desatados, judíos llevados a Dios sabe dónde... Y todo ello puesto cara a cara, a través de la composición gráfica de las páginas, con los Estados Unidos actuales y los supremacistas blancos.
No esperaba que las historietas de superhéroes trataran temas tan serios… Y tampoco esperaba que Batman estuviera del lado de los nativos americanos, o de los judíos, indios y demás inmigrantes de los ghettos…
Iba a dejar de leer, pero no pudo evitar levantarse para coger el cómic de Indiana Jones y el destino de Atlantis. Sabía que era un número 2, pero no pudo evitarlo. Estaba enamorado de Harrinson Ford. Este número estaba escrito por Dan Berry y William Messner-Loebs y dibujado por Dan Berry.
Iba a dejar de leer, pero no pudo evitar levantarse para coger el cómic de
Indiana Jones y el destino de Atlantis. Sabía que era un número 2, pero no pudo evitarlo. Estaba enamorado de Harrison Ford. Este número estaba escrito por
Dan Barry y William Messner-Loebs, y dibujado por Dan Barry.
Era verdad que el dibujo le llamó menos la atención y que la acción era más… palomitera, pero ¡qué entretenido! El número comenzaba con Indiana Jones en el hospital porque ¡los nazis le habían disparado! Al parecer, por algún motivo, estaban buscando Atlantis, así que Indy, después de escapar del hospital tras otro intento de asesinato, recorre todo el mundo buscando tesoros que puedan darle alguna pista. Sin embargo, cuando por fin encuentra algo en Leningrado, ¡los malditos nazis llegan antes! Menos mal que, gracias a unas pistas, consiguió averiguar que el próximo destino era Nueva York; en concreto, la universidad Barnett, donde Indy enseñaba. ¡La respuesta había estado en casa todo el tiempo!