Pues ya he visto Toy Story 5 aprovechando que la peque quería verla, que está a tope con la saga ahora.
La he disfrutado pero la saga ya no va dirigida a mí. He notado una brecha generacional que, tarde o temprano, tenía que llegar. Ahora veo Toy Story desde fuera y contemplo cómo la historia pertenece a otros. Y eso es jodido. Entendible, pero jodido. Me ha gustado, pero siendo Pixar muy mal tienen que hacer las cosas para que diga que una película de ese estudio me parezca mala.
Para quienes crecimos en los 90, Toy Story 3 fue una despedida prácticamente perfecta. Andy no es que fuese nuestro niño, es que éramos nosotros. Habíamos crecido con él y aquella película cerraba un viaje emocional que llevaba acompañándonos desde la infancia. Pero el tiempo pasa y la saga en lugar de parar ha cambiado de generación. Ahora le toca el turno a Bonnie, con una infancia llena de cosas que nosotros no hemos vivido de la misma manera. Y eso lo noto.
Entiendo perfectamente lo que plantea la película. Especialmente ahora que soy padre, conecto con muchas de las cuestiones que aborda: la dificultad de los niños para hacer amigos, el ciberacoso, dependencia de las nuevas tecnologías... También entiendo que precisamente el tema tecnológico entre de lleno en la trama y que Jessie asuma el protagonismo. Pero hay algo que me ha costado aceptar: ya no siento que esta sea mi saga. Y odio un poco decirlo porque suena a ese discurso de nostálgico pollavieja que se resiste a que las cosas cambien, pero creo que es lo que me ha pasado. No es que no comprenda hacia dónde quiere ir Pixar, ni que me moleste que las nuevas generaciones tengan sus propias historias. Simplemente, ya no conecto igual.
También me ha molestado que personajes tan icónicos como Woody y Buzz queden relegados a un segundo plano, sin demasiado desarrollo, y los secundarios clásicos no pasan del cameo. Vale que Jessie necesitaba espacio para ser la protagonista, pero ha sido a costa de personajes que me han gustado toda la vida. Luego la película tiene un mensaje muy bonito. Lo analógico y lo digital puede convivir. No demoniza la tecnología ni pretende que los niños vivan obligados en una infancia que ya no existe.