Termianda la segunda temporada de Percy Jackson.
La he disfrutado igual que la primera. No me ha sorprendido especialmente, pero sí me ha confirmado que la serie sabe muy bien qué tipo de producto quiere ser y a qué público se dirige.
Muy fiel al segundo libro. Se nota un esfuerzo claro por respetar el material original. El formato serie ayuda para que se puedan respetar sucesos sin cargarte el ritmo por el camino y trasladando el espíritu de los libros sin complejos ni atajos.
El reparto sigue pareciéndome algo soso en carisma e interpretaciones. Sin embargo, lo tolero bastante bien porque la serie tiene un objetivo muy claro: un público infantil-adolescente. Dentro de ese marco, el tono encaja, no chirría y cumple su función sin resultar molesto. La historia es ágil, se mueve con soltura entre aventuras, criaturas mitológicas y conflictos personales, y consigue ser entretenida sin caer en la sensación de relleno. Siempre hay algo en marcha y eso mantiene el interés incluso cuando no todo brilla al mismo nivel.
Además, y esto ya es casi una debilidad personal, siempre estaré a favor de cualquier serie o película que adapte la mitología griega. Ver dioses, monstruos, profecías y héroes reinterpretados en clave moderna me sigue pareciendo un puntazo.
En conjunto, esta segunda temporada es una continuación sólida, fiel al material original, entretenida y bien orientada a su público. No es una serie que me apasione, pero sí una que disfruto con agrado y que cumple perfectamente como puerta de entrada al universo mitológico para nuevas generaciones.