En Valencia ha sobrevivido media docena de irreductibles galos profesionales de la cosa, todos con tienda física para tener algo que hacer entre semana, que mantienen un mercadillo de cambio de cromos los domingos por la mañana en una de las puertas del Mercado Central. En primavera y entre las 12 y las 13 (hora punta) es fácil superar los 100 chavales cambiando cromos, mientras los tenderos se hacen de oro con los más pardillos.
Yo aportaba que este negocio no es -sólo- cosa de señores mayores, sino de padres entregados a y fomentando el vicio del coleccionismo en sus retoños.