Predator: Badlands (2025)
Fuah.
La he gozado como un gorrino.
Me ha gustado no solo como película de acción y ciencia ficción, sino como ampliación real del lore Yautja. Se exploran más facetas de su cultura, su jerarquía y su manera de entender la caza, y eso, como fan del universo Predator, es oro puro.
Me chifla la integración del universo Alien a través de la empresa Weyland. Está hecho con inteligencia, sin forzar el crossover, y aporta una dimensión corporativa y tecnológica que encaja muy bien con el tono del film. No es un guiño vacío, sino una pieza más dentro del tablero que ya veremos dónde y cómo cristaliza.
El planeta en el que transcurre la historia es, literalmente, un personaje más. Todo es letal: la flora, la fauna, el clima… Cada rincón es una amenaza constante. Esa hostilidad permanente convierte el entorno casi en un villano adicional y eleva la tensión de forma continua. Mola
Pero lo que más me ha entusiasmado es que el protagonista sea un Depredador. No un secundario misterioso, no el antagonista a batir, sino el auténtico eje narrativo. Y que sea el protagonista no significa que sea “el bueno”. Simplemente seguimos su punto de vista, sus decisiones y su supervivencia. Eso cambia por completo la perspectiva habitual de la saga. Además, se le atribuyen sentimientos y matices emocionales a estos seres que tradicionalmente han sido máquinas de cazar y matar. No los humaniza en exceso, pero sí los dota de códigos, conflictos internos y cierta complejidad que los vuelve todavía más interesantes.
La historia es sencilla, directa y tremendamente entretenida. No se pierde en subtramas innecesarias ni intenta complicarse más de la cuenta. Es pura supervivencia, tensión y acción constante. No da un respiro y sabe exactamente cuánto durar y qué contar.
Pues eso, que muy contento con la película. Respeta la esencia de la franquicia y al mismo tiempo la expande con ideas frescas. Acción, mundo hostil, lore ampliado y un protagonista inesperado. Justo lo que necesitaba esta saga para seguir creciendo.