ETAPA 91º Darkhawk Annual#1; Avengers West Coast Annual # 7; Iron Man Annual #13
julio-agosto de 1992 (fechas de portada)
Formación:
Vengadores Costa Oeste: Iron Man, Hombre Maravilla, Bruja Escarlata, Ojo de Halcón, Rayo Viviente, Spider-Woman (Julia Carpenter), USAgente.
Personajes invitados: Halcón Oscuro, James Rhodes
Enemigos: Savage Steel (Arthur Vale), Mr. Joad, Anthony Powers, Kearson Dewitt, Raoul, Paolo, Lou Denham
Personajes secundarios:Bob, Lou, Mr. Tedder, Davis, Yvonne, María Santos (sic: Mario Santos), José Santos,Yolanda
Bueno, ya estamos aquí con una nueva entrega. Ante todo, disculpad el excesivo retraso, sobre todo teniendo en cuenta que ahora solo se trataba de una historia de tres entregas, más los complementos añadidos a los Anuales de Vengadores Costa Oeste (puesto que el club de lectura es de Vengadores, tengo por principio comentar todo lo que venga en una publicación vengadora, pero no me entretengo, en cambio, en los complementos que vienen en anuales ajenos a los Vengadores, y que no añaden nada a la historia principal).
Aunque, hablando de eso, lo cierto es que esta historia se siente más como de Iron Man. Es decir, es el título anual de Vengadores Costa Oeste el que se subordina a lo que desde el primer momento aparece como un tebeo de Iron Man, que transita por el anual vengador occidental.
Vámonos para el resumen. La primera entrega del
Asalto a la Ciudad de las Armaduras -que así se llama el arco argumental- aparece en la virginal colección de
Halcón Oscuro (que no Nocturno) –identidad superheroica de un estudiante llamado
Chris Powell-, que abría su primer anual precisamente haciendo team-up con el latas, en el pistoletazo de salida del crossover, bajo la narración de
Danny Fingeroth y el arte de
Mike Manley (a este último no recuerdo haberlo visto nunca, aunque la memoria es ya mala en mí, si es que no lo fue siempre).
El punto de partida está, como ya dije, en las historias de Iron Man. A lo largo de diversas sagas, la tecnología de Tony Stark ha caído en manos equivocadas, por diversas razones y con buenas y malas intenciones. La premisa está en que Stark, junto a Rhodes, irán por ahí incautando hardware, software y datos, así en general, de todos aquellos que tienen su tecnología. Esto le lleva a una serie de asaltos y operaciones infiltradas de espionaje industrial por diversas plantas científicas de los Estados Unidos.
La primera parada se llama
Arthur Vale. Se trata de un policía que tenía encomendada la armadura de un antiguo malvado, que operaba bajo el seudónimo de
Savage Steel (disculpad que no lo taduzca al español sin riesgo, pero leo siempre estos cómics en inglés y no siempre encuentro en internet quien me de una traducción fiable. Lamentablemente, la página de la EUM, que era mi principal funte de traducciones, ha decidido partir desde los Puertos Grises, probablemente para no volver).
Total, que me enrollo. Arthur Vale se encastra la armadura de Savage Steel, y se dedica a hacer el bien, a la usanza de un Robocop infantil y fascistoide, repartiendo leña a los malos sin reparar en estado de derecho ni cosas de esas. Y es en una de estas que su camino se cruza con el de los héroes: mientras Rhodes pretendía infiltrarse en la base de un tal Mr. Joad para inquirir sobre tecnología robada a Stark, aparece Savage Steel (o Acero Salvaje) reventando el local y pidiendo por la fuerza a Joad extras para tunear su propia armadura de Savage Steel, y así ser más fuerte en su lucha contra el crimen.
Pero claro, no contaba con que Iron Man anduviera por allí en medio de la trifulca, quien se ve forzado a intervenir, echando a perder definitivamente la tapadera de Rhodes, tapadera que, todo hay que decirlo, ya andaba un tanto malograda.
Chris Powell, desde la ventana de su clase, presencia cómo se pelean Savage Steel y Iron Man y decide intervenir, pero con tan mala suerte, que Iron Man piensa que, tal vez, la armadura del propio Halcón Oscuro esté utilizando tecnología Stark. Ya sabemos que en Marvel no hay aclaración de malos entendidos sin mamporros previos, así que bueno, ambos luchan, hasta que Stark escanea al muchacho acorazado para descubrir que su armadura no tiene nada que ver con la tecnología Stark y, por tanto, el chaval está limpio. De este “cordial” entendimiento resultará una alianza entre ambos héroes, para lograr confiscar cuanta tecnología Stark haya por ahí suelta.
Decidme cuántas veces no hemos visto esto ya
A ellos se añadirán los Vengadores Costa Oeste y, con esto, ya tenemos a la sección californiana de los héroes más poderosos de la Tierra metidos en harina, a partir del Avengers West Coast Annual #7. Julia y Wanda irán a asistir a Halcón Oscuro, mientras que Simon y Miguel reforzarán, junto a Ojo de Halcón, las instalaciones de Stark más expuestas de California, para evitar que sean asaltadas.
A todo esto, hay un cuarto jugador en este arco argumental: el propio USAgente. Si bien queda fuera de las operaciones del grupo, está trabajando un poco por libre acechando a una pandilla de narcos, cuando se le aparece un tal Lou (que en realidad hizo su debut en el anual de Halcón Oscuro) para proponerle un trabajito por encargo de Val Cooper: recuperar la armadura de Iron Monger, a la sazón robada, para el Gobierno de los USA. Walker tiene sus dudas, pero al final aceptará la propuesta.
Con este mapa en la cabeza, más o menos, prosigue la historia. Rhodes ha sido capturado y los héroes quieren rescatarlo. Iron Man y Halcón Oscuro interrogan a Vale, quien les pone tras la pista de
Anthony Power, un científico resentido que culpa al Capitán América de haber matado a su hijo Matthew. Ese resentimiento tiene truco y doble, porque 1) para empezar, fue John Walker el que mató al hijo de Powers, no Steve Rogers y 2) en realidad lo que ocurrió fue que Anthony Powers intercambió la mente con su hijo, para atacar al Capitán América en un traje de armadura sofisticado. Al morir el “cuerpo” de Matthew, Anthony volvió a su cuerpo oiginario y la mente de su hijo… bueno, no tuvo cuerpo al que volver, supongo. No preguntéis menudencias.
Amor de padre
Powers, de hecho (el padre), se encuentra intentando sonsacar información a Rhodes, al que mantienen detenido. Este no suelta prenda y se le acaba el tiempo, pero los Vengadores logran asaltar las instalaciones del profesor loco. El equipo se divide en dos partes: por un lado, Wanda, Spider-Woman y Halcón Oscuro se las ven con el propio powers y sus robots. Por otro, Stark se cuela subrepticiamente en la sala de ordenadores del complejo y descarga toda la información que tienen. Allí averigua que IMA está detrás de todo el tinglado, y los Vengadores preparan un ataque a una isla donde se encuentra el complejo de IMA.
La saga llega a su clímax (perdónseme la ironía) y posterior final en el Iron Man Annual #13.
Len Kaminski y –sorpresa-
Gene Colan –no en horas muy altas, por lo poco que puedo decir de mi escaso conocimiento de dibujo- toman el testigo de Roy Thomas y M.C. Wyman, respectivamente, para desviar la acción momentáneamente hacia otros protagonistas. El Hombre Maravilla, el Rayo Viviente y Ojo de Halcón se encontraban protegiendo las instalaciones de Stark Enterprises en California. Y hacían bien en ello, pues reciben el asalto de un batallón de mercenarios enfundados en armaduras, que se clasifican en tres categorías:
raiders, seekers y hunters. Una vez más, perdonadme que desconozca traducciones. Sospecho que estos tebeos no serán muy conocidos. El asalto resulta ser, en cualquier caso, un bluff, porque al final, tras unos borrones en las viñetas representando hostias y demás, los malos son derrotados casi off-camera.
Con los Vengadores comparsas fuera de la ecuación, es hora de concentrarnos en el equipo de Iron Man: Halcón Nocturno, Wanda y Spider-woman se centran en distraer a los guardias, mientras Rhodes hace lo propio con una armadura teledirigida. Por otra parte, USAgente se une un poco después a la fiesta para recabar de IMA la armadura de Iron Monger, en cumplimiento de su misión para el Gobierno de los USA.
Con el patio despejado, o más o menos, Iron Man pide a sus compañeros, en lo que no deja de ser un absurdo, que le dejen a él solo y se retiren. El mal que se esconde en la base de IMA no es otro que
Kearson Dewitt, un enemigo de Stark que es responsable de la muerte lenta de este, ya que le inoculó un virus. Dewitt está rencoroso con Tony Stark porque cree que le robó las ideas a su padre. ¿Cuántas veces hemos visto esto ya? Está guay en los sesenta y setenta. En los noventa, deberíamos pasar página. En cambio, hemos visto este tipo de cosas dos veces seguidas ya, primero con Power (¡mataste a mi hijo pero en realidad tuve yo la culpa!) y ahora con Dewitt (¡arruinaste a mi padre pero en verdad no fuew culpa del bueno!). Mientras bostezo, compruebo que Dewitt, a distancia, ha tomado el control de todas las armas del complejo IMA y las dirige contra Stark. Sin embargo, es demasiado shock neuronal y se fríe él solito el cerebro, muriendo en el proceso mientras la base de IMA vuela por los aires. Con ello, el USAgente pierde aparentemente su caramelito, pues ya no puede recuperar la armadura de Iron Monger y ganarse una pasta con ello.

Estoy de acuerdo con Dewitt... Esto es demasiado y mis neuronas se sobrecargan
Este arco argumental a tres tebeos pretende acabar con una reflexión de Stark: no ha podido impedir que los duplicados de sus diseños anden sueltos por ahí. Sin embargo, él es máslisto y más todo, así que esos duplicados pronto se volverán desactualizados y los suyos en cambio serán la rehostia. No sé… si eso es así… a lo mejor podría haberse ahorrado todos los quebraderos de cabeza vistos en estas viñetas ¿no? Vamos, digo yo.
Mi valoración personal ya va metida, no sin retranca, en la propia reseña. Añado a ella el hecho de que Iron Man siempre me ha parecido un personaje enormemente aburrido, inclusive en las películas. Toda esa temática de cachivaches, armaduras, tecnología y fantasía masculina de señor rico e industrioso superdotado me tiran para atrás cosa mala. Además, desde siempre. Tal vez porque soy muy Morlock envidioso, qué sé yo. Nunca me ha gustado, ni me gusta, Iron Man, aunque confieso que tampoco le he dado muchas oportunidades al personaje en solitario, más allá de sus primeros pasos por los tebeos. Este arco argumental es, de hecho, un intento más, que me reafirma en mis ¿pre?juicios.
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Y ahora, vámonos con lo que paradójicamente, me ha gustado más de este paseo por los anuales veraniegos del 92: las historas sueltas del Anual de los Vengadores Costa Oeste. Sin ser ninguna maravilla, aquí Roy Thomas (eventualmente acompañado por Dan Thomas) se gana mis simpatías y hace un ejercicio de refresco de memoria con cuatro historias cortas:
La primera está protagonizada por Wanda. Mientras entrena sus poderes de control de la probabilidad, abre por accidente una brecha en el tejido espacio-tiempo y tiene acceso, al menos aparentemente, a una dimensión alternativa donde Visión y Wanda son felices con sus hijos. La historia pequeñita de Thomas me parece una deliciosa recuperación de todo lo vivido por Wanda desde la serie de Englehart donde tuvieron dos hijos, pero, más adelante, se demuestra que en realidad habían sido solo poryecciones del poder de Wanda, lo mismo que su embarazo, y los mantenía vivos prácticamente solo a base de pensamientos (pienso en mis hijos, luego existen, que diría Wanda Descartes), si bien, a la postre, no eran más que fragmentos del alma de Mefisto (que no de Pandemonium, quien, durante un breve tiempo, los utilizó de extremidades, por raro que suene). En fin, me encomiendo a vuestra memoria porque, leído así, o te ríes o lloras. La historia acaba con Wanda pensando en que, al menos, en algún lugar alternativo, las cosas salieron bien, y eso le sirve para dar un paso adelante con su vida. Me ha gustado.

La segunda historia tampoco está mal, y persiste en el empeño de los Thomas en darle un poco de cariño a los nuevos personajes: Julia Carpenter arriba a Denver, su ciudad natal, con el tiempo justo porque está haciendo una escala en un viaje. Está llena de dudas sobre si debería colgar las mallas o no, por el tiempo que esto le quita para estar con su hija. Aprovechando el tiempo muerto entre vuelos, Julia Carpenter se cita con una vieja amiga llamada Yvonne. Al intercambiar charlas sobre la vida, solo interrumpidas por un avión accidentado que Spider-woman tiene que ayudar a aterrizar con bien, Julia siente envidia por su amiga: todo le va bien, magníficamente bien… excepto que, como se revela al final, su amiga se muere de un cáncer. Todo es cuestión de cómo lo ves: su carrera superheroica no está aún decidida, pero ahora tiene una nueva perspectiva desde la que enfocar las cosas: dicen que solo eres feliz cuando mueres, pero es más bien que puedes no ser infeliz, la menos, mientras vives. No estoy yo para discutir ahora la lógica de esto, pero ya anuncio que no me acaba de cuadrar. Lo perdono por ser un brindis al sol de Julia.
Seguimos con un mini-comic de tres páginas llamada “Ten Little Villains”, donde Thomas de nuevo nos refresca la memoria. Al poner a los vengadores occidentales a hacer, entre todos, un top de los peores villanos que han encontrado en su camino, se repasa muy brevemente el periplo de los Costa Oeste. Se siente bien como refresco de memoria, la verdad, obviando el mal dibujo, aunque al mismo tiempo parezco asistir a un museo de los horrores, porque vaya galería de villanos, joder…

En fin, la última historia breve se centra, como ya ha ocurrido otras veces, en Miguel Santos, quien celebra con su familia el 5 de mayo, equivalente al 4 de julio estadounidense. En medio de los fastos, recibirá la visita de Lou Denham y sus matones. Denham es un señor perteneciente a la Legión del Rayo Viviente, donde militó el padre de Miguel Santos hasta su muerte. Pues bien, este señor le ofrece a Miguel Santos volver a refundar el grupo. Cuando este declina la oferta, que huele mal, para qué decir otra cosa, los minions de Denham amenazan con matar a su madre si no se aviene a los propósitos de Denham. Ni que decir tiene que el conveniente uso de los poderes del nuevo y buen Rayo Viviente desbaratará los planes de los malos, aunque no sin moraleja: una bala que rebota en el cuerpo eléctrico de Santos hiere a un niño, que no palma de milagro. Mientras Miguel Santos reflexiona sobre lo oucurrido, me despido de esta reseña, para decir que, entre el 1 y el 10, soy generoso poniendo un 4, como nota global, a estas tres entregas.