Lo que está claro es que ninguno es una super estrella (con la excepción de Adam Driver y Sadie Sink, aunque yo tampoco los calificaría como tales), lo que implica no tener que pagarles una millonada, ni lidiar con egos inflados. Aunque claro, en su momento, con la excepción de Robert Downey Jr., tampoco es que el resto de actores fueran muy top (Scarlett se unió un poco más tarde).