Cuando estaba yo en la universidad a finales de los 90, les pegaron palos gordos a las copisterías que había alrededor del campus. Es que era muy cantoso, directamente ibas allí a comprar la fotocopia de los libros de estudio ya sin necesidad de llevar el original. Y el que no, le dejabas el libro y te lo copiaba.
Encima un alto porcentaje, por lo menos en mi carrera, eran libros de profesores que daban clases allí. Unos cuantos metieron denuncia y al poco fueron cerrando todas.