He leído
Captain Britain UK #1-15 (1976-1977).
Leer el Capitán Britania desde el principio era uno de mis caprichos de infancia-adolescencia que tenía pendiente. Mi primera serie regular que empecé a coleccionar, grapa a grapa, en los viejos tiempos de Forum, fue Excalibur. Y allí había muchas cosas que se adivinaba que venían de lejos; muchos adversarios, viejos amores y, en general, personajes raros que uno intuía que no era la primera vez que aparecían. Siempre en torno a Brian Braddock: Courtney Ross, Jamie y ELizabeth Braddock, el Inspector Dai Thomas y hasta Emma Collins, la querida asistenta de la Mansión Braddock

Es un placer muy grande comprobar que toda esa galería de personajes ya estaba desde el principio, en aquellas primeras páginas de estos cómics encomendados a Chris Claremont, un estadounidense de origen británico. Al mismo tiempo, nuestro joven aficionado al teatro ya tenía a su cargo a la Patrulla-X. Me gusta pensar en cómo el gran yayo unió entonces la línea de puntos y aprovechó la continuidad del Capi Britania no solo para confeccionar Excalibur, sino también el salto al estrellato definitivo de Betsy Braddock, que pasaría a formar parte de la Patrulla-X como miembro de pleno derecho no mucho antes de La Caída de los Mutantes.
Pero yendo a estos tebeos de ocho páginas, ideales para pillarlos en un ratito de asueto, he de decir que se leen con el deleite de algo rancio y entrañable, tal vez no demasiado original, pero, como digo, disfrutable en cualquier caso. Los guiones no son ninguna maravilla y casi dría que parecen más fruto de los 60 que de los 70. Tal vez ayude a esa percepción observar los dibujos de Herb Trimpe, muy deudores de Jack Kirby sin ninguna duda. No me atrevería a decir que Trimpe es un émulo de Kirby, pero casi.
Incidentalmente, hablando de Trimpe, es de ver lo camaleónico que puede ser. Aquí lo vemos, como decía, en plan Kirbyesco, pero no hace mucho leíamos el evento de Ciudadano Kang en el club de lectura Vengador y
allí comprobábamos que Trimpe se convertía en Rob Liefeld. Dicen que el mundo pertenece a quienes se adaptan a los cambios

La verdad es que los orígenes del Capi Britania no pueden ser más simplotes: Brian Braddock, físico en prácticas y alumno de la Universidad Thames, cae por un barranco cando es perseguido por un científico rival (a la postre, su primer villano, el Saqueador), y allí se encuentra con dos entes que luego sabremos que son Merlín y Roma, pero que todavía (y a la altura de Captain Britain UK #16) no sabemos, técnicamente quiénes son, dándole a elegir entre la espada de la muerte y el amuleto de la vida. Un superhéroe siempre escogería la vida. En cambio, su némesis, el Saqueador, elige la espada que, con reminiscencias artúricas -solo que a la villanesca ahora- extrae de una piedra. Chris Claremont se encargó, en los prolegómenos de esta historia, de situar el laboratorio en el que trabajaba Braddock en un paraje recóndito rodeado de la vieja magia de las islas. Nada más echar mano al collar, se convierte en un ser mucho más musculado y ágil, además de aparecerle un uniforme por arte de magia, amén de un bastón con botones cuya utilidad va conociendo sobre la marcha, que lo mismo se estira para convertirse en una pértiga que libera un campo de fuerza protector.
Tiene su encanto ver el primer outfit del Capi, amén de su bastón, del que más adelante se desprendería. La transformación de Braddock a Capitán Britania recuerda por esto, en cierto modo, a la de Thor. En lugar de golpear el suelo con un bastón, aquí se trata simplemente de apretar el centro del colgante que lleva siempre al pescuezo -o casi siempre-. Lo del bastón tiene su gracia, no solo por el juego que da el artefacto en sí, sino porque sirve para ensayar una dinámica superheroica que no habíamos visto, o al menos no tanto. El bastón se convierte en pértiga y, frecuentemente, es el medio de desplazamiento de Braddock, al que vemos dando saltos por ahí cienes de metros, con un resultado no tan distinto al de volar. Sin embargo, ya sabemos, reiteramos, que el bastón dejará paso luego a poderes de vuelo anclados a la tierra de las islas británicas con una explicación prácticamente mágica.
También me llama la atención que, una vez que Claremont deja paso a Gary Friedrich en los guiones, este último intenta ensayar un concepto algo diferente, más cercano a Hulk-Banner, ya que incluso plantea cambios en la personalidad, como si Braddock y Capitán Britania tuvieran personalidades distintas. Está claro que esta idea fue desvaneciéndose con el tiempo.
Por lo demás, estos inicios del Capi rememoran sin disimulo los propios orígenes de Spiderman: Braddock es un empollón (antes tenía más testosterona pero ahora está venido a menos) que sufre las invectivas del bullier clásico, en este caso Jacko Turner. Courtney Ross (todavía no es rubia platino) hace de la chica mona a la que le gusta el intelectual de Braddock, dándole largas al machito Turner. Incluso tenemos un fotógrafo pero, en este caso, ese papel recae en un amigo de Braddock, que es Sandy York, y a quien incluso vemos calibrar si las fotos que ha sacado se las venderá a algún que otro periódico donde también trabaja un tal Parker. Supongo que habría sido demasiado descarado hacer recaer esta faceta en el mismo Capitán Britania, de modo que Claremont la desplazó hacia un secundario.
En el capítulo de villanos, tenemos al Saqueador y a Huracán, todos ellos científicos frustrados con su falta de reconocimiento, pasando por Mente Maestra (tocayo, curiosamente, del que previamente fue un pilar de la Hermandad de Mutantes Diabólicos, pero no el mismo personaje). Como se dice en la propia introducción a mi MLE, con el relevo por Friedrich, hay un paso claro del argumento místico (Merlín y Roma, con la primera aparición del Lugar Peligroso, según entiendo) al telón de fondo tecnológico, merced al protagonismo del robot gigante y maléfico que se encuentra en la Mansión Braddock y que fue, aparentemente, responsable de la muerte de sus padres.
Y en fin, está siendo muy grato descubrir estos orígenes, cerrando un círculo de continuidad que tenía incompleto. Me gusta ir haciéndolo poco a poco, con pausa y saboreando el momento. No son cómics muy buenos, son cómics entretenidos, muy ingenuos de concepto, pero que para mí tienen gran significado. Seguiremos dando la tabarra
