Alex Jenkis lee: grapas de Marvel de julio de 1991.
Alex apiló en un pequeño montoncito las grapas que iba despachando. Tras leer Sandman, que era su incondicional tebeo, decidió proseguir con las de Marvel. Se bebió de un sorbo el
Uncanny X-Men #280. Era el final de la saga de la Isla Muir, con el Rey Sombra. A Alex le jodía haberse perdido el X-Factor #70, que era un episodio del crossover que le faltaba para tenerlo entero pero, ante su reducida economía, decidió seguir adelante sin el eslabón perdido de la saga (uno de tantos, según parecía) porque más o menos pudo entenderlo todo. Esa imagen monstruosa del Rey Sombra le cautivaba, y más aún lo hacía su capacidad para corromper almas inocentes. Aunque al final habían logrado expulsar al villano, el mal ya estaba hecho y los personajes tendrían que vivir habiendo sucumbido al lado oscuro. Alex percibía un atisbo de perversión y degradación en la prosa de Chris Claremont. Sabía que todo aquello podía dar más de sí, así que se prometió no abandonar esta colección.
Se sorprendió sin embargo, después de leer
Wolverine #45-46, porque allí salían Lobezno y Júbilo haciendo otras cosas. Estaba claro que Larry Hama no se había puesto de acuerdo con Chris Claremont. En la Patrulla-X acababa de ver a Júbilo sintiéndose culpable por haberse dejado dominar por el Rey Sombra ya haber hecho frente a Lobi, su mejor amigo, pero aquí estaban como si tal cosa, en un arco argumental dedicado a bestias primordiales que se acuchillaban unas a otras, cediendo a sus instintos más bajos: Dientes de Sable, Dama Mortal e incluso un nuevo invitado que se unía la fiesta: una bestia de pelaje blanco proveniente de Canadá, y vinculada con el pasado de Lobezno, o eso parecía, que acababa uniéndose a la refriega. Alex tuvo impresiones algo encontradas. No era de lo mejor que había leído, pero le molaba Dientes de Sable y, como siempre, todo aquello que se cocía en los túneles Morlock, especialmente la pareja de robots que convivían con Máscara y los demás.
Finalmente, acabó con Daredevil #296: otro arco que terminaba -o eso parecía- con los ninjas de la mano siendo derrotados por Daredevil y una facción de ninjas que tenían que ver con un tal "Stick". A Alex todo aquello le sonaba a chino (o a japonés, más bien). Debería indagar más, pero las escenas de acción eran increíbles y le fascinaba Kingpin y su corrupción de todo aquello en lo que ponía la vista. Daredevil era su tebeo, definitivamente. Mafias, corrupción, ninjas... y bueno, la escena en la que el lacayo de Kingpin le sacaba un ojo al mafioso "Ballena" le había dejado encantado. Necesitaba más casquería como esta.
Con un gesto un tanto indiferente apartó momentáneamente la tercera entrega de la Saga del Infinito y decidió que quería más oscuridad gótica y urbana: se decidió por su cita mensual con sus cuatro grapas dedicadas a Batman...