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Panini / Re:MARVEL GOLD/MARVEL HÉROES CAPÍTULO 40: Estamos empezando a tener una edad
« Último mensaje por rockomic en Hoy a las 06:07:00 »Estela Plateada: 100% Marvel HC 1: Libertad (1982-1987)


Reseña en la web de Universo Marvel:
https://www.universomarvel.com/resenas-estela-plateada-100-marvel-hc-1-libertad-1982-1987/
Empezamos con este tomo la recopilación de la larga colección de Estela Plateada iniciada a finales de los años ochenta. Sin embargo, antes de entrar en materia, el volumen nos ofrece un pequeño aperitivo.
Tras la clásica colección de Stan Lee y John Buscema, Estela Plateada disfrutó de un extraño segundo volumen compuesto por un único número de doble extensión publicado en 1982. Stan Lee regresó puntualmente al personaje como guionista, aunque el verdadero peso de la historia recae sobre John Byrne, responsable tanto del argumento como del dibujo. Byrne cuenta además con los acabados de Tom Palmer, ni más ni menos. Un Palmer que se hace notar, cosa que de por sí ya es buena, tapando en gran parte la estética de Byrne.
La historia recupera el carácter de los primeros tiempos del personaje. Un relato que adquiere el clásico tono melancólico acorde con la personalidad de Norrin Radd. Los Cuatro Fantásticos colaboran con Estela cuando Reed Richards consigue encontrar la forma de franquear la barrera impuesta por Galactus. Sin embargo, el esperado regreso a Zenn-La se convierte en una amarga decepción: el planeta aparece parcialmente devastado y Shalla Bal permanece prisionera de Mefisto en la Tierra. Estela se ve obligado a regresar a nuestro mundo para no poder volver a salir, donde se enfrenta una vez más al demonio para intentar rescatar a su amada.
Una historia clásica del personaje con todos sus habituales ingredientes. Nada nuevo bajo el Sol, pero al menos es un cómic agradable, especialmente por el apartado gráfico.
Cinco años después, en 1987, comienza por fin la esperada nueva colección regular de Estela Plateada, el tercer volumen. Steve Englehart es el hombre elegido para escribir la serie mientras que Marshall Rogers la dibuja y Joe Rubinstein se ocupa del entintado.
De entrada, Englehart parece repetir el mismo esquema argumental del especial de Lee-Byrne. De nuevo, el objetivo consiste en atravesar la barrera de Galactus, contando otra vez con la ayuda de los Cuatro Fantásticos, aunque las circunstancias y el resultado son muy diferentes a los del mencionado número. El regreso de Estela Plateada al espacio creo que sólo era cuestión de tiempo, tratándose de un personaje de origen cósmico, así el movimiento de Steve Englehart, en este sentido, no lo calificaría de inesperado.
En cuanto a la fórmula que permite a Estela Plateada atravesar la barrera de Galactus es tan simple como ingeniosa y a quien se le ocurre la idea no es otro que la Cosa: la barrera sólo impide el paso de la tabla, de modo que Norrin puede atravesarla sin ella sin ningún problema. Otra cosa ya es la posterior explicación, menos convincente, sobre cómo Estela recupera su inseparable medio de transporte más allá del muro espacial.
Pero Englehart no se queda aquí, porque poco después el propio Galactus decide conceder el perdón definitivo a su antiguo heraldo eliminando la barrera que lo mantenía ligado a la Tierra. Ahora sí, Estela Plateada recupera su total libertad para recorrer el cosmos sin restricciones, incluidas las eventuales entradas y salidas de la Tierra. Aunque previsible, la maniobra significa un cambio de rumbo en la trayectoria de nuestro protagonista, el más importante dentro del proceso rupturista que viene a establecer el nuevo guionista.
En el primer número, por cierto, el escritor también aprovecha para hacer un extenso repaso de toda la trayectoria de Estela Plateada, algo que tiene su razón de ser tratándose de un primer número de una nueva era. Pero lo cierto es que el recurso de las secuencias explicativas por medio de imágenes del pasado va a ser una constante en la etapa recogida en este tomo. No en vano, ya en el segundo número Englehart nos pone esta vez en contexto respecto a lo ocurrido en el one-shot de Lee-Byrne mediante otro detallado recordatorio.
Precisamente, en este segundo episodio tenemos otra de las novedades que propone Englehart: la ruptura de la eterna dependencia sentimental de Norrin Radd respecto a Shalla Bal. El ansiado reencuentro de Estela Plateada con su amada está lejos de ser el esperado por él. Shalla Bal es ahora Emperatriz de Zenn-La, un cargo que lleva consigo una serie de responsabilidades que le impiden mantener una relación sentimental. El argumento de la mujer no es que sea muy creíble y parece más un injerto en el guion para llegar al fin propuesto: liberar el corazón de Norrin Radd.
Éste es precisamente uno de los rasgos que más identifico en Steve Englehart como guionista. Con frecuencia da la impresión de que primero decide el punto al que quiere llevar la historia y, después, se inventa alguna excusa que justifique ese desenlace, sin preocuparse demasiado por su credibilidad. En cualquier caso, es un Englehart de manual.
También a partir de aquí empieza a apreciarse un cambio importante en el propio tono de la serie. El lenguaje solemne, melancólico y casi poético que definía la colección clásica de Stan Lee —y que todavía conservaba el especial dibujado por Byrne— deja paso a un protagonista mucho más optimista. Estela Plateada incluso se permite sonreír y su porte ya no es el de un hombre abatido. Quizá no sea exactamente la imagen que muchos esperan del personaje, pero dentro de la lógica de la historia resulta comprensible: al fin y al cabo, acaba de recuperar la libertad que llevaba décadas persiguiendo.
En cuanto al apartado gráfico, Marshall Rogers me parece aquí un escalón por debajo del trabajo que había realizado en Doctor Extraño. Básicamente, la expresividad de los personajes y el dibujo de las figuras humanas resultan bastante mejorables. En cambio, donde sí mantiene un nivel alto es en la narración y en la creación de atmósferas, dos aspectos especialmente importantes en una colección de ambientación cósmica.
Pero, aparte de presentaciones y cambios de rumbo, Englehart también empieza a construir historia, aunque sea todavía de forma preliminar. Y aquí es donde entran, por un lado, los Primigenios del Universo y, por el otro la eterna enemistad entre quizás las dos razas alienígenas más famosas de Marvel, los skrull y los kree. Éstas son las dos patas de lo que se adivina como una gran epopeya cósmica que todavía está tomando forma.
Los primeros en tomar protagonismo son los skrull. Precisamente, el propósito inicial de Estela Plateada está en liberar a Nova (Frankie Raye), actual heraldo de Galactus, que ha sido aprisionada por los skrull como medida de coacción hacia Galactus, a quien pretenden obligar a destruir el millar de mundos que forman el Imperio Kree. Como bien sabemos tras los hechos sucedidos en la colección de los Vengadores, los skrull han perdido su capacidad metamórfica. Este hecho los deja en clara situación de inferioridad respecto a los kree en caso de que estos se enteraran y aprovecharan su superioridad para iniciar una guerra.
La historia es seductora, pero también nos proporciona otra buena ración de Englehart en estado puro. Por un lado, cuesta creer que un ser de poder prácticamente ilimitado como Galactus sea incapaz de rescatar a su propia heraldo de una prisión skrull. Del mismo modo, tampoco resulta demasiado convincente que un imperio tan vasto como el kree no se haya enterado ya de la pérdida de las capacidades metamórficas de sus enemigos
En paralelo, Englehart introduce también la amenaza de los Primigenios del Universo, ya sabéis, los seres más antiguos del Universo, que apuntan a ser los villanos de la historia. El primero en entrar en acción es Campeón, a continuación el Coleccionista y luego el Corredor, para finalmente reunir al resto de Primigenios ya conocidos, es decir, el Gran Maestro, el Jardinero, el Poseedor y el Contemplador. A ellos se suman tres nuevas incorporaciones, el Astrónomo, el Aniquilador y el Mercader, todos ellos de nueva creación, más la sorprendente entrada en el privilegiado grupo de Ego, el planeta viviente.
Su intención pasa por destruir a Galactus al considerar que ocupa una posición más elevada a la de ellos como la entidad más antigua del universo. Una motivación un tanto pueril por parte de seres cuasi divinos, francamente. La cuestión es que la desaparición del gigante devorador de mundos provocaría el fin de la realidad actual y el nacimiento de un nuevo universo con los Primigenios, ahora sí, como sus más superiores entidades.
Y en medio de todo ello se encuentra Estela Plateada a quien se suma una compañera de viaje. Me refiero a Mantis, personaje fetiche de Steve Englehart que creó durante su ya lejana etapa en los Vengadores. Una Mantis que, cabe recordar, contrajo matrimonio con un Cotati, un árbol viviente, al final de la Saga de la Madonna Celestial.
De hecho, la incorporación de Mantis trae consigo otra larga tanda de explicaciones para situarnos en contexto, cuando la mujer le cuenta a Estela toda aquella historia arcaica sobre los Monjes de Pama y los Cotati que se inventó el guionista, así como su pasado ligado a los primitivos kree y el origen de las hostilidades de estos con los skrull.
La verdad es que el debate entre Mantis y Estela Plateada aporta el componente más filosófico de la etapa, quizás hasta un extremo redundante. En cualquier caso, la relación sirve para volver a despertar la semilla del amor en Norrin Radd.
Lo importante de estos primeros números es que funcionan sobre todo como una presentación de todos los actores que participarán en la gran historia que se está gustando. Una epopeya cósmica que empieza a tomar forma y a pasar a la acción en los dos últimos números del volumen y que continuará desarrollándose en el siguiente.
Por un lado, la nueva guerra entre los kree y los skrull ya ha comenzado tomando forma de conflicto político intergaláctico. Englehart introduce espionaje, traiciones, maniobras diplomáticas y luchas de poder que llenan de contenido el trasfondo de la historia. Por otro, los Primigenios del Universo empiezan a mover sus propias piezas.
Estamos ante una nueva colección que no es de lectura fácil. Englehart recurre constantemente a flashbacks, largos textos explicativos y extensos diálogos filosóficos. Muchos de esos recordatorios son útiles para situar al lector, especialmente teniendo en cuenta la enorme cantidad de referencias a historias anteriores, pero su acumulación acaba haciendo que la narración resulte por momentos bastante densa y farragosa.
No es nada especialmente nuevo en el caso de Steve Englehart, que pasa por ser un escritor más bien justito, capaz de construir historias llenas de imprecisiones, situaciones inverosímiles y razonamientos discutibles. Sin embargo, posee un talento indiscutible para idear grandes líneas argumentales y crear expectativas que invitan a seguir leyendo. Sus planteamientos suelen ser mucho mejores que la forma en que termina desarrollándolos.
Conclusión.
En resumen, una serie de episodios que completan un buen tomo, más por lo que proponen y por las expectativas que crean que por su calidad técnica.
Números que ponen las piezas sobre el tablero y que crean contexto, pero con los que a menudo cuesta conectar a nivel de lectura. En cualquier caso, una serie de números que significan el desencadenante de un ciclo argumental que promete.

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