Bruce lee DC (julio 1991)
Reseña con unos spoilers y reflexiones del maravillado Bruce.
La mayor parte de sus compras se la había llevado la editorial DC, no Marvel, por eso había empezado a leer en el mes las otras series. Es verdad que el Capitán América le gustaba y el Guantelete del Infinito era posiblemente el cómic más impresionante que había leído de momento, pero las historias de DC le llamaban más la atención, a saber por qué.
Este mes, comenzó a leer primero a Superman, aunque se llevó una pequeña sorpresa. El primero de todos los números era
Action Comics #668. Todo comenzaba con una pesadilla de Kal-El, que se despertaba sudado en su cama (¡vaya músculos!): Lex Luthor le había visitado para decirle que acabaría matándole y nadie podría acusarle porque estaba muerto. Entonces, seguimos a Superman durante un día y nos percatamos de que su… pesadilla es real. El villano se está transformando en héroe a ojos de la opinión pública. Vemos múltiples perspectivas: desde uno de los caminantes de la calle hasta el propio padre de Superman, hablándolo con Perry White. El mundo echa de menos a Lex Luthor… Y sus empleados no lo dejan morir: teorías conspiranoicas se comen al periodismo de verdad, tanto en prensa como en televisión. Termina el número con una revelación: hay un heredero de Luthor. ¿Quién será? Se apuntó el nombre de Roger Stern; le gustó mucho cómo había escrito la historia, y el dibujante, Bob McLeod, no estaba nada, pero nada mal.
Iba a coger el siguiente número, el de The Man of Steel, pero ¡estaba dentro de un evento! Había pillado esa grapa,
War of the Gods #1, así que le echaría un vistazo antes de seguir con las grapillas de Superman. Estaba escrita por George Pérez… ¿No era él el que dibujaba
Guantelete del Infinito? ¡¡Hala!! Que las editoriales podían tener a autores trabajando a la vez para ellas. ¡Qué guay!
Guerra de los Dioses abrió el universo DC, tan centrado en Gotham y en Metrópolis, a la mente de Bruce. El chico leyó fascinado las páginas de las que se componía aquella épica. Sí, era más difícil de entender que el Guantelete del Infinito, pero también le presentaba a parte del universo DC. Esta vez no era Thanos queriendo enamorar a la muerte, sino la hechicera Circe, colaborando con unas amazonas que no viven en Themiscira, hogar de Wonder Woman, haciendo un hechizo para atacar la Tierra con los poderes de Hécate. En el Nuevo Olimpo, los dioses griegos y los dioses romanos peleaban entre sí. Tenían los romanos un campeón humano en un tal Capitán Marvel, que luchó contra Wonder Woman. La introducción había presentado catástrofes en todos lados, ¡incluida Metrópolis! Seguiría leyendo ahí, por Superman.
Superman, the Man of Steel #3 desarrollaba a un personaje que aparecía en el primer número del evento deceíta: Fobos, el dios del miedo. Este ayudó a despertar a Quetzalcoalt, el dios inca, para que peleara con Superman. Le encantó la forma que tenía: una serpiente gigantesca de color dorado. Fue espectacular la forma en la que le salió el tiro por la culata a Fobos. Es verdad que pelearon, pero también el dios inca le consideró un igual. Había actuado porque la corporación Cerberus atacó un pueblo latino de nombre impronunciable y acudió en su rescate porque ¡estaban quemando la selva! Al final, Quetzalcoalt se sacrificó e hizo que lloviera para apagar el fuego mientras Clark rescataba a sus padres, a Perry White y a su esposa. Este número, escrito por Louise Simonson, había estado bastante entretenido.
Inmediatamente, fue a la serie principal, leyendo
Superman #59, escrito por Dan Jurgens. Le encantó. Posiblemente, una de sus grapas favoritas del mes. Paraba todos los acontecimientos para desarrollar más los personajes de Clark y de Lois en unas paginillas. Nada más abrirlo, vio por primera vez a los Hombres lineales. Al parecer, Superman había perdido seis meses de su vida y se lo debían. Votan que no harían nada, pero uno de ellos, decide saltarse la decisión del Consejo. Observa cómo las personas de la vida de Clark apenas pasan tiempo con él porque siempre está salvando a alguien. Clark se percató de que estaba afectando a su relación con Lois, así que se la lleva hasta el monte Fuji para mantener una conversación seria. Parece que el tiempo no pasa y… es lo que ocurre. Una Mujer Lineal ha parado el tiempo para darle unos minutos a Clark, unas seis horas para que pase tiempo con los suyos. Al volver a Metrópolis, es la misma hora que a la que se fueron. Había sido una grapa preciosa.
El último número de Superman del mes sería
The Adventures of Superman #482, escrita por Jerry Ordway. Era otra aventura bastante divertida. Jimmy sigue sin trabajo, pero se une a Cat Grant cuando un villano, Parásito, les ataca. Superman les salva, pero este absorbe sus poderes, así que necesita la ayuda del doctor Emil Hamilton para crear un artefacto para ayudarle a vencerlo. Había sido bastante divertido y le gustaba bastante cómo dibujaba Tom Grummett el universo de Superman.
Ahora solo le quedaba todo Batman o el numerillo de Wonder Woman. Como tenía que ver con el evento, decidió leer por primera vez un tebeo de la superheroína:
Wonder Woman #58. Estaba escrita también por George Pérez, y dibujada por Jill Thompson. Comenzaba antes que el evento: Diana está rezando porque ha perdido a muchas personas y necesita que los dioses la ayuden a guiar a Themiscira, ya que ahora ella es la reina. Su oráculo está medio muriendo, pero despierta para decirle a Diana que los dioses han regresado. Mientras Diana está en el evento, los dioses dejan en la isla a Heracles (Bruce se quedó mirándolo tan fijamente durante unos minutos que se percató en aquel momento de que
se había enamorado. Solo esperaba que no fuera idiota). De repente, se empezó a derrumbar el castillo real y Heracles sale pitando a una cueva. Cae dentro y… encuentra a Atlas, que parece que está causando todo el embrollo, aunque no se descubre por qué y… Heracles tiene que tomar el lugar de Atlas. Mientras tanto, Diana va a ver a Edward Indelicato, un policía cuyo compañero, Michael, acaba de morir y todo el mundo piensa que es por su culpa por seguir siempre a Diana. Está investigando acontecimientos de los que no tiene ni idea: un ataque de Amazones en Gotham, el asesinato de Helena por Cheetah, la desaparición de las “madres” de Diana (Hipólita y la profesora Kapatelis), lo que le había dicho Diana de Dr. Psycho… Diana le cuenta sobre la guerra de los dioses y sobre cómo no puede volver a casa. Al parecer, le va a ayudar… ¿Aparecería el policía en el segundo número del evento?
Los dos números de Batman abrían un nuevo arco llamado «Shadow Box» y estaban escritos por un tal Chuck Dixon. La lectura de
Batman #467 y Batman #468 fue regular. Lo leyó rápido: era todo palomitero, todo peleas, y no especialmente buenas. Batman y Robin se enfrentaban a los Ghost Dragons, una banda asiática. Eso era todo. Amenazaron a Robin y Batman se puso nervioso.
Bruce suspiró, dejando aquellas grapillas. Tendría que hacer un diario de lecturas para apuntar qué guionistas le gustaban más y qué guionistas le gustaban menos para poder así comprar con más cabeza cuando llegara a la tienda… Esperaba que los números de Detective Comics fueran mejor. ¡Esperaba a Peter Milligan!
Y al abrirlos, se percató de que tanto
Detective Comics #635 como
Detective Comics #636 estaban escritos por Louise Simonson, como el número de Superman, the Man of Steel #3 que había leído unas noches antes. La experiencia fue mejor que con Batman, pero mucho peor que con todo lo demás de DC del momento. Era una aventurilla, control mental, monstruos que no existen… Aburrido.
Había dejado Batman para el final pensando en que le gustaría más, pero… Superman había ganado la partida y por mucho durante este mes.