Universo Marvel 3.0


Noticias: Para estar al día de lo más interesante del foro pincha aquí.
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate
Favoritos 1 Favoritos

Autor Tema: Nuestros Escritos (trabajos literarios de los foreros)  (Leído 992 veces)

0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Nuestros Escritos (trabajos literarios de los foreros)
« en: 09 Marzo, 2017, 22:31:35 pm »
 :bouncing: Si no está bien lo quito, que llevo toda la tarde esperando :lol:
« última modificación: 13 Marzo, 2017, 21:16:24 pm por BRINCO »

Desconectado Unocualquiera

  • Moderador Global
  • Celestial
  • *
  • Mensajes: 42.259
  • Sexo: Masculino
  • Ningún ser gatuno salió herido durante este post
    • unocualquiera
    • Ver Perfil
Re:Nuestros Escritos
« Respuesta #1 en: 09 Marzo, 2017, 22:33:02 pm »
Pero adorna un poco el primer mensaje. Por lo menos saber de que va el hilo.  :lol:

UMY 2012 al forero revelación
UMY 2014-2015-2016 al forero más activo
UMY 2015 al mejor moderador
UMY 2016 al mejor forero

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Lo dicho. Voy a meter 8 relatos cortos que van unidos entre sí, al tener todos los mismos protagonistas. El lapso temporal empieza en 1976 con el primer relato, hasta el año 2010 donde concluye el último. Prohibido reirse de los autores, aunque si se tercia podríais insultarlos :birra:
El primero es muy corto (en extensión), apenas una página. Para quién no lo sepa eso de "Lo bueno si breve..." es una máxima de Baltasar Gracián, el autor de "El Criticón", una obra que muchos ponen a la altura de "El Quijote", pero que por culpa de éste, casi nadie conoce y menos han leído ::)


dulce navidad (1976)

   Solo tengo cinco años, los mayores me lo recuerdan todo el tiempo. Ahora que se acercan estas fechas, a mí también me gustaría recordar algo: Fue hace un año. Yo quería pasar la navidad como todas hasta entonces, en casa, junto a mis padres. Unos días antes, sin embargo, desaparecieron, montaron en el coche y no volvieron al siguiente, que era lo que me habían prometido.
Continué viviendo en casa de la vecina, una señora muy guapa y muy simpática que hablaba con todo el mundo menos con su marido. Mis padres vendrían a rescatarme muy pronto. Eso decía ella. Pero quien apareció por casa de la vecina fue mi tía, la solterona.
Era la primera vez que veía el pueblo en invierno. Cuando llegué, me pareció que todos sabían por qué me encontraba allí. Y al hablar, ponían caras un poco raras, como si no fueran las suyas.
Mi tía, la solterona, dormía con un cuchillo muy grande debajo del colchón. Una noche, mientras cenábamos, me contó que meses después de darle entierro, había  visto a su madre en el cuarto de baño.  Desde aquel día no quise volver a dormir solo, ni tampoco ir al servicio si ella no me acompañaba.
Lo que más me impresionó el día de reyes fue ver a mi padre en el comedor con toda la cara magullada. Empecé a llorar. Mi tía se enfadó con él por presentarse sin haber telefoneado primero. Pero después de eso ella también gimoteó un poco.   
Me senté en el coche, al lado de mi padre. Y le hablé del cuchillo y la abuela y todo lo demás. No pareció hacerme caso. Le pregunté entonces qué le había ocurrido. Dibujó una extraña sonrisa y contestó que cuando viese a mi madre le diera un beso y no me asustara. Pero ya no volvió a hablar. Y así condujo el resto del camino, en silencio, sin apartar los ojos de la carretera.

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
lápidas, cruces y cenizas (1989)

Me pagan por enterrar gente, eso hago. ¿Me gusta? Hay una cola de varios metros aguardando impaciente a que un servidor les ceda la pala. Se lo he oído decir al jefe. Entierro o me entierran.
Vivo solo. La relación que mantengo con mis padres no ha cambiado, aún nos soportamos con cierto cariño. Mi único hermano, de mi misma edad, sigue viviendo con ellos. Estudia en la universidad; recinto éste, según él, donde muchos cobijan la ignorancia para alargar así su ineptitud.
   -Y cuantos más años, mejor -apuntilla-.
  -¡A ver qué provecho sacas tú, tanto criticar siempre a los demás! -le abronca mi padre-.
Marta, mi novia, y es otro ejemplo cualquiera, tampoco es sencilla. Cuando la conocí, falta un mes para los tres años, sí lo era. Al menos, a mí me lo pareció entonces. Dice, y lo dice ahora, que ser enterrador no es ético. Piensa que le he cogido el gustillo y todo.
   -¡Me pone enferma que seas enterrador! -gritó con saña el otro día-.
   -Lo mismo digo -añadí-.
   -¿Y eso qué coño significa?
   -¡Significa que no voy a cederte el empleo! -esto último solo lo pienso-.

Los amigos que tenía se han ido casando; alguno tres veces. También yo he franqueado la treintena. Pasan los años y mi vida continúa dirección  a ninguna parte. Una edad donde todavía es ancho el horizonte, reza un eslogan, un anuncio, una película, una mentira prefabricada. ¿Y donde quedaron las quimeras? ¿Qué fue de nuestros putos sueños? ¿Habéis visto cómo se cumplían, cómo se materializaban, cómo se hacían realidad? ¿O también los habéis enterrado?
   
El trabajo de guardián de la cripta no es una tarea dura, físicamente hablando. Somos dos y el encargado. El compañero que tengo es de mi edad. No habla, es sordomudo. Al encargado no se le ve mucho. El jefe nos visita una vez al mes, cinco minutos. No se lo reprocho. En este teatro, decorado con lápidas y cruces, la diferencia entre los muertos y los vivos es que nosotros tenemos permiso para salir a dar una vuelta.
   -¡Sigues vivo! –se queja a veces mi conciencia-.
Un día se apagará y no gritará una mierda. Ese día ningún enterrador me dará la bienvenida. Apiñado entre gusanos no, paso, otra vez no... Mejor incinerado.

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Fantasmas (1990)






   Recuerdo aquel fin de semana junto a ella, yo sin ganas de viajar ni de hacer nada, cediendo por complacerla. Llevábamos tres años juntos. Le restaba uno para terminar la carrera. En lo que a mí respecta, he de confesar que tras abandonar la universidad, había dejado de creer en casi todo; no sentía aprecio, ni motivación, apenas salía de casa, odiaba el mundo y a su gente.
La única ventaja que ofrecía la casa del pueblo es que nadie quería ir en invierno. Habíamos salido de la ciudad un par de veces. Dos veces en tres años, no bromeo. Raquel, mi novia por aquel entonces y después mi mujer, a pesar de su edad, vivía una disciplina castrense. Sus padres no me asimilaban, en cambio yo a ellos sí. Tampoco les cabía duda: era el perro equivocado.
Compré dos botellas de ron y unas coca-colas en el supermercado del pueblo. No había yerba porque ella detestaba verme fumado, pero tenía dos petardos hechos del día anterior y no pude reprimir que viajaran conmigo.
La casa invitaba a emborracharse o morir congelados. El único calentador se fundió nada más encenderlo. Bebimos,  hicimos el amor, vaciamos la botella. Más tarde salí al balcón yo solo. Prendí fuego a uno de los petardos y lo fui consumiendo a disgusto a consecuencia del frío. Empecé a sentirme mal nada más entrar en casa.
   -Estoy temblando -me quejé-.
   -¿A quién se le ocurre salir ahí fuera? ¡Te he dicho que dejes esa mierda!
Me lavé la cara en el servicio. Después vomité.
   -Pobre imbécil.
Me volví rápidamente. No había nadie y yo tampoco había abierto la boca, al menos no para hablar.
   -¿Nunca aprenderás?
No era su timbre de voz, pero tenía que ser ella.
   -¡Raquel! -más que un grito vomité un gemido-.
   -Patético cabrón -escuché detrás mío-.
Entonces tuve la certeza de que me había vuelto loco. Sólo un esquizofrénico oye voces. Me lo repetí quinientas veces.
   -¡Qué está pasando! –grité al fin-.
   -¿Te lamentas?
   -¡Dejaré de fumar yerba a diario! –imploré-.
   -Fumar, beber, pastillear... Los psiquiátricos están repletos de gente como tú.
Me limpié el sudor de la frente con una toalla.
   -Tres mujeres en diez años y las tres te han abandonado.
   -He tocado fondo –pensé-.
   -¡Has tocado mierda! –vociferó-.
Cerré los ojos e intenté no pensar en nada.
   -Treinta años desperdiciados, tirados a la basura, podridos ya -siguió recitando-. “Poco y mal”: ese epitafio sería demasiado generoso para ti. Dejaste de estudiar y desde entonces te has paseado por trabajos donde soñaron la mala idea de probarte, pero te calaban enseguida, ¿verdad? ¡En uno duraste un día!
   -Me fui yo. -dije a media voz-.
   -Tampoco has conservado ningún amigo, si es que alguna vez tuviste alguno.
   -Queda mi hermano y... -entonces recordé el ácido que me había tomado con  “Brinco” 24 horas antes-.
   -Tu hermano es el único ejemplo que no me vale. ¿Qué diferencia hay? -continuó agobiándome-.
   -Ninguna -concedí a ver si se callaba de una puta vez-.
   -Estás acabado, igual que él.
   -¡Silencio! -quise gritar, pero de nuevo quedó en un susurro-.
   -Consigue un empleo y consérvalo o también la perderás a ella.
La única forma de esquivar aquella voz era saliendo del baño, pensé idiotizado.       
   -¡Las mujeres cuestan dinero! –gritó de repente-.
Deslicé la mano por el cerrojo y abrí la puerta.
   -¡Trabaja de una puta vez! -volvió a gritarme- ¡O no volverás a comerte ningún coño!
No pude hacer el amor de nuevo. Tampoco dije a Raquel nada de lo que me había ocurrido. ¿Qué podía decir? Lo que sí debía era disimular mi turbación.
   -¿Qué te pasa ahora? –preguntó-. Estás muy raro.
Pero hasta en eso era un inútil.
   -¿Por qué lo dices?
   -No dejas de mirar a todos lados.
   -Estoy nervioso.
   -¡Estás loco! -terminó chillando-. ¡Y yo al borde de una depresión!
   -Solo tengo un poco de ansiedad, cariño –intenté tranquilizarla-.
Se revolvió en la cama.
   -No comes, te pasas el día dormido, o alelado, no quieres hacer nada joder, llevas casi 2 años así. Deberías ir a ver a alguien, a un puto especialista por ejemplo. Y todo por culpa de esa maldita yerba. Ya ni te molestas en mezclarla con tabaco.
Iba a besarla, pero recordé que había vomitado.
   -Voy al servicio –marcó sus labios en mi cara-. ¿Por qué no te duchas? -arrugó la nariz y aspiró varias veces seguidas, con sonoridad-.
Miré el reloj para disimular:
    -Son las dos y cuarto -protesté-.
   -Hueles a mierda -se sinceró-.
   -Abriré la ventana. -me puse en pie de mala gana-.
   -¡La ventana no, el grifo! -aulló-.
   -No voy a ducharme con agua fría, cariño.
   -¡Puto cerdo!
Cerró de un portazo.
   -¿Te arrepientes de haber venido?
Aparecía de nuevo aquella voz.
   -Dos veces ya no hace gracia –dije-.
   -Tu propia novia te empuja a visitar un loquero -se rió-.
   -No hablaba en serio.
   -¿Eso crees? -volvió a reírse más fuerte-.
    -Sabe que puedo recuperarme solo.
   -¿Quieres un consejo de anciano?
   -No.
   -Vas a hundirte de verdad cuando vuelvas a quedarte solo.
   -No me importa.
   -A mí no puedes engañarme.
   -¡Quieres dejarme en paz, joder!
   -¿Con quién coño estás hablando?
No la oí llegar. Me miraba, como el día que nos conocimos, con desconfianza y horror. Empezó a vestirse rápidamente.
   -¿Qué haces? -pregunté alarmado-.
   -¡Estás para que te encierren, cabrón! Me voy a mi casa.
   
Conocía aquel perfume porque era yo quién lo había pagado. Sus brazos también me agitaban:
   -¡Dijiste que saldríamos a las diez! -gritó Raquel en mi oído-.
   -¿Eh?
   -Fin de semana en el pueblo, ¿recuerdas?
Aún tardé en desperezarme.
   -¡Deja de olisquearme! -me quejé-.
   -¡Hueles a mierda!
   -Luego me ducho allí.
Le eché el aliento, por cabrearla tan solo.
   -¡Qué asco! –se levantó de un salto de la cama- ¡Casi vomito el café!
   -Me visto en un segundo.
   -Joder, pensé que lo de no ducharte era broma.
Volví a utilizar el aliento.
   -Te espero en el coche. A ver si no tengo que darme la vuelta yo sola como la última vez, cabrón.

   


       
 
       

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
cosas raras (2000)



   No presentaba mi mejor cara, era evidente, no me corto en reconocerlo. Tampoco hizo nadie ningún comentario, ni noté en mi paranoia miradas raras, de esas que te hacen sentir culpable. El tiempo reía de nuevo y ahora me transcurría lento, demasiado lento. Notaba que algo no iba bien. A media mañana, confirmé mis temores: por el escritorio de enfrente se arrastraba algo indeterminado, una especie de mono, pero sin ojos ni orejas, sucio y viscoso, desprovisto de brazos y con cuatro patas, sin nada de pelo. Lo que me salvó de gritar fue la reacción de la persona que ocupaba la mesa. La llamé:
   -¡De donde ha salido eso!
Repasó el escritorio con la mirada.
   -¿A qué te refieres?
   -¡Encima de tu mesa! –estiré el brazo todo lo que pude- ¿No lo ves?
  -Yo solo veo papeles –dijo con amargura, y siguió trabajando-.
Me dirigí a los servicios empapado en sudor. Una vez dentro me encerré en uno de los reservados. Prendí un cigarrillo y cerré los ojos. Poco después llamaron a la puerta.
   -¿Estás fumando?
Giré el pestillo y salí.
    -A los jefes no les gusta  –dije a mi compañero-.
   -Hoy no están –encendió otro-.
Tenía que preguntárselo: 
    -¿Has notado algo diferente en el trabajo?  Me refiero hoy. 
Dijo no con la cabeza.
   -Aquí todos los putos días son iguales, tío –se lamentó-.
  -¡Qué cojones es eso! –intenté disimular en parte lo aterrado que estaba al advertir una araña enorme encima de nuestras cabezas-.
   -Cada día es más grande, ¿verdad?
   -¿Puedes verla?
   -Se lo he comentado a la jefa.
   -¡Tenemos que acabar con ella! –me fui hacia la puerta-.
Soltó una carcajada.
    -Estás más loco que yo –dijo-. Pero tienes razón. Somos ganado para ellos. Si esos cabrones no hacen algo pronto –miró hacia arriba-  la grieta va a terminar con el techo y éste con nosotros.
   -¿Qué grieta?
No recordaba haber tomado nada suplementario la noche anterior, a parte de lo habitual en mí. Aguanté el resto de la jornada a oscuras, con miedo, sin atreverme a levantar los ojos de la pantalla en blanco que tenía delante.
 
Quería dormir y no despertarme hasta el día siguiente, así que tragué dos pastillas al llegar a casa. Era absurdo temer algo que no existía. Pero cuando ves, y yo la estaba siguiendo en aquel preciso momento, una rata casi tan grande como yo, mirándome fijamente a los ojos, las dudas desaparecen, se van al carajo contigo.
Observé como se escondía bajo la cama. Contuve la respiración tantas veces que casi me ahogo. Alcancé el pasillo, auxiliado por el miedo. Luego salí al balcón e intenté serenarme, volver a razonar aquella locura. Concentré mi atención más tarde en una valla publicitaria. No recuerdo qué anunciaba, pero aquella mujer estaba desnuda. Y tuve otra visión, benigna esta vez, liberadora, cuando observé que me llamaba con la mano. La histeria acumulada desembocó en risa. Quería estar junto a ella, abrazarla, tocarla, saltar aquellos 8 pisos  y estrellarme contra sus labios, eso quería.
Escuché el teléfono poco después. Volví a tensarme, recuperando de súbito un poco de cordura. A veces pienso que esa puta llamada me salvó la vida. Entré en el comedor casi a ciegas, pero sin dejar de mirar en todas direcciones.  Regresé al balcón con el móvil.
   -¡Soy el padre de Alberto! -me saludó histérico-. ¡Está ingresado en el hospital!
   -¿Qué ha ocurrido? -musité-.
   -¡Dímelo tú! -continuó vociferando- ¡Sois unos golfos! ¡El otro ni siquiera coge el teléfono!
   -¿Qué otro? -pregunté aturdido-.
   -¡Estuvisteis los tres juntos ayer, me tomas por imbécil?
   -¿Ha sufrido Alberto alucinaciones también? -pregunté ansioso-. ¿Oiga?
Había colgado. Un instante después volvieron a llamar.
   -¡Ayúdame, tío!
Era mi hermano. Quedé aterrado por el grito que acababa de escuchar.
   -¡Estoy en el balcón de casa, me persiguen, voy a suicidarme! -continuó chillando-.
   -¡Pero qué coño nos metieron anoche en la bebida! -clamé impotente-.
  -¡He pasado varias horas atrincherado en el servicio! -volvió a gemir mi hermano- ¡Luego no sé cómo ha entrado, pero tenía una araña gigante justo encima de mi puta cabeza! ¡Veo cosas muy raras, tío!
     

           
 

         
         
               

Desconectado Job

  • Vengador
  • **
  • Mensajes: 4.692
  • Sexo: Masculino
    • user/21185
    • Ver Perfil
Tiene buena pinta el hilo. Me apunto y en cuanto pueda le echo un vistazo a esos relatos Jose Luis.
Siempre Vengadores

Desconectado Unocualquiera

  • Moderador Global
  • Celestial
  • *
  • Mensajes: 42.259
  • Sexo: Masculino
  • Ningún ser gatuno salió herido durante este post
    • unocualquiera
    • Ver Perfil
Yo me he puesto al día, pero esperaré por el resto de relatos.  :birra:

UMY 2012 al forero revelación
UMY 2014-2015-2016 al forero más activo
UMY 2015 al mejor moderador
UMY 2016 al mejor forero

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Felinos (1999) -transcripción conversación telefónica-



CARLOS: ¿Quién es?
BRINCO: (Empieza a toser) “Brinco”... ¿Carlos?
CARLOS: Sí.... ¿Oiga?
BRINCO: Llamaba por el anuncio del periódico.
CARLOS:  (Resopla) ¿Ha visto mi gato?
BRINCO: La ignorancia, la pereza y la inmoralidad son los ingredientes idóneos que califican a un legislador. Las leyes las explican, las interpretan y las aplican mejor aquellos cuyo interés y actitudes se orientan a tergiversarlas, confundirlas y eludirlas.
CARLOS: (Molesto) ¿De qué habla?
BRINCO: Estoy leyendole al gato “Los Viajes de Gulliver”.
CARLOS: (Sarcástico) Perfecto.
BRINCO: (Jovial) Acabo de servirle un cuenco de leche al pobre cabrón. Le he visto solo y sin casa y he pensado que habría discutido con una puta gata.
CARLOS: (Nervioso) ¿Dónde está?
BRINCO: Lo tengo aquí conmigo, no se preocupe.
CARLOS: ¿Seguro que hablamos del mismo animal?
BRINCO: Pequeño, ojos marrones, pelo anaranjado...
CARLOS:  (Desconfiado) ¿Lleva collar?
BRINCO: Sí, rojo. Tiene un colgante plateado en forma de corazón , o de vagina, no se distingue.
CARLOS: ¿Hay algo escrito?
BRINCO: ¿Quiere que se ponga y habla con él?
CARLOS:  ¿Con quién, con el gato? ¿Podemos quedar ahora?
BRINCO: Ahora no me viene bien.
CARLOS: ¿Y esta tarde? ¿Oiga?
BRINCO: Esta tarde tampoco.
CARLOS: (Forzando el tono.) ¿Entonces cuándo?
BRINCO: Quiero una recompensa por él.
CARLOS: No tiene gracia.
BRINCO: Había pensado que 10.000 pesetillas de mierda estaría bien, no quiero abusar.
CARLOS: Y yo he pensado que voy a colgarle.
BRINCO: Hágalo y no volveré a llamar.
CARLOS: (Tras una pausa de varios segundos) Mejor nos tranquilizarnos, ¿le parece?
BRINCO: Lo quiero todo para hoy, ¿le parece a usted?
CARLOS: ¿Está chiflado, no voy a darle nada!
BRINCO: Estoy hambriento.
CARLOS: (Burlándose.) ¡Pues coma algo!
BRINCO: La segunda cosa que más detesto: un tipo haciéndose el gracioso.
CARLOS: Lo siento.
BRINCO.: ¿Lo siente?
CARLOS: Respecto a la recompensa...
BRINCO: Soy todo oídos, Carlos.
CARLOS: No tengo ese dinero.
BRINCO: (Como si lo estuviese apuntando.) No-tiene-ese-dinero. ¿Y qué propone?
CARLOS: Trabajar. ¿Sabe qué es?
BRINCO: ¿Y no poder hacerlo, lo sabe usted?
CARLOS: ¿Ha creído que por raptar un animal doméstico van a  ofrecerle  un puesto de
trabajo?
BRINCO: Carlitos, no sea más idiota de lo que todavía aparenta, haga el favor...  Estoy  pasando  una  racha de mierda y necesito dinero.
CARLOS: Voy a llamar a la policía.
BRINCO: Adelante, cuente lo de su animalito, estas historias enternecen  a cualquiera.
CARLOS: Si tuviese pruebas lo haría.
BRINCO: Paciencia.
CARLOS: Estoy empezando a perderla.
BRINCO: ¿Sabe qué decía ella? 
CARLOS: Quiero mi gato.
BRINCO: No exactamente. Decía  que  yo  estaba  mal  de  la  cabeza. Pero  hace  seis  años  que  nos  separamos y aún pretende que la mantenga. ¿No es increíble? ¿Oiga?
CARLOS: No tengo nada qué decir.
BRINCO: Y lo hago, ¿sabe?  Todos los meses.
CARLOS: No me interesa.
BRINCO: Hasta ayer, día uno.
CARLOS: Le digo que no es asunto mío.
BRINCO: Y yo le estoy preguntando qué sentido tiene continuar respirando cuando una  persona a quien ya no me une nada recibe más de la mitad de mi salario. Hasta la puta casa se ha quedado la muy zorra. (Silencio) ¿Está casado?
CARLOS: ¿Casado?  No.
BRINCO:-Sí lo está.
CARLOS: Se equivoca.
BRINCO: Conozco a su mujer.
CARLOS: No le creo.
BRINCO: De vista nada más.
CARLOS: (Inquieto.) Será mejor que demos este asunto por zanjado.
BRINCO: (Deja escapar una risita.) Zanjado, dice. Habla como en las películas.
CARLOS: ¡No meta a mi mujer en esto!
BRINCO: ¡Son ellas las que no dejan de meterme a mí!
CARLOS: Yo veo un problema solo.
BRINCO: ¿Uno nada más?
CARLOS: Habla  de  sí  mismo  y  de  su  vida  y  trata, no sé  qué  demonios pretende 
conseguir, la verdad. Todo  el  mundo  no  es  igual. Hay  gente  buena, ¿lo entiende?   ¡Gente buena!
BRINCO: (Sin mucha convicción.) Lo escribiré en un papel.
CARLOS: Presume de conocer a las mujeres y en  realidad  no sabe nada. No sabe nada 
de nadie. Los tipos como usted me dan lástima.
BRINCO: (Mofándose.) ¡Un hombre feliz! Y yo pensando que lo había visto todo.
CARLOS: Usted no piensa. Solo tiene dudas.
BRINCO: Eso es pensar.
CARLOS: Eso es perder el tiempo.
BRINCO: ¿Cómo lo sabe?
CARLOS: Porque le conozco. No  sé  quién  es  pero  le  conozco.
BRINCO: ¿Ahora me psicoanaliza?
CARLOS: Disfruta con esto, ¿verdad?
BRINCO: ¿A qué se refiere?
CARLOS: Descargando  en  los  demás  sus  frustraciones. Usted  no  desea rehacer su
vida.
BRINCO: ¿Sin rehacer la ley primero?
CARLOS: ¿Por qué no busca un empleo?
BRINCO: ¡No puedo trabajar contratado!
CARLOS: Nadie va a obligarle a firmar ningún contrato.
BRINCO: ¿Eso cree?
CARLOS: Para trabajar no.
BRINCO: Es usted más cabrón de lo que presume.
CARLOS: Mírese, desgraciado, y perdone, pero usted estuvo casado, era feliz. ¿Lo era, no?
BRINCO: Unos meses nada más.
CARLOS: (Resopla.) Era feliz, tenía un trabajo, una serie de responsabilidades.
         Comience de nuevo. No sea patético y sea un hombre.
BRINCO: Suena como el eslogan de un puto anuncio de coches. Es usted un visionario, lo reconozco.
CARLOS: Actuar, actuar y no pensar tanto. Debería probarlo.
BRINCO: Esa es la filosofía que aplica a su trabajo, ¿no?
CARLOS: ¿Cómo dice?
BRINCO: No hablemos más de la recompensa.
CARLOS: Ya ha dado usted el primer paso.
BRINCO: Me siento mejor tras haberle conocido.
CARLOS: ¿Podemos quedar ahora?
BRINCO: Usted es juez.
CARLOS: ¿Perdone?
BRINCO: Juez.
CARLOS: ¿Piensa devolvérmelo o no?
BRINCO: El gato no.
CARLOS: ¡El gato es mío, joder!
BRINCO: Ya tiene a su mujer.
CARLOS: También es suyo.
BRINCO: ¡Pues que se joda! ¡Y usted también, por vendido!
CARLOS: ¿Quién coño se ha creído qué es?
BRINCO: Comience de nuevo, dice -se oye una risa-. Ese soy yo gracias a ti, cabrón, un comienza de nuevo.
CARLOS: ¿Oiga? (Pausa) Ha colgado el hijoputa.
BRINCO: A ti si que te voy a colgar.



« última modificación: 09 Marzo, 2017, 23:42:08 pm por jose luis »

Desconectado Unocualquiera

  • Moderador Global
  • Celestial
  • *
  • Mensajes: 42.259
  • Sexo: Masculino
  • Ningún ser gatuno salió herido durante este post
    • unocualquiera
    • Ver Perfil
En el 99 aún no había euros.  :birra:

UMY 2012 al forero revelación
UMY 2014-2015-2016 al forero más activo
UMY 2015 al mejor moderador
UMY 2016 al mejor forero

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Malentendidos (2010)


  Hacía mucho tiempo que no entraba en una comisaría, en esa por lo menos. Raquel y yo estábamos en casa un momento antes, viendo una película, cuando la pantalla de mi móvil se encendió. Hice una seña a mi mujer para que bajara el volumen del televisor, porque no conseguía enterarme de nada. Me cedió el mando malhumorada. Cuando terminé de hablar, estalló:
   -¡Tu puto hermano detenido!
   -¿Eh? -respondí medio atontado-. No ha querido decirme nada. Tengo que ir a comisaría para demostrar que es mi hermano, si no quiere pasar allí la noche.
   -¿Y te vas a presentar así? Mírate, estás fumadísimo.
   -¿Y qué? -me encogí de hombros-.
   -¡Aquí no vengas con él! -chilló amenazante-.
   -Le acompaño a su casa y me quedo un rato para que me cuente qué ha pasado.
   -¡Eso te lo puede explicar en la calle, a su casa vas a fumar! -bramó de nuevo-.
   -Me preocupo, amor. Quiero saber si puedo ayudarle, nada más. 
   -¡Está tarado por culpa de los porros, igual que tú!. Eso si no ha vuelto a beber.
   -Me voy, cariño.
  -¿Has cogido el carnet de identidad? ¡Se te olvida todo, joder! ¿Cómo ibas a identificarte en comisaría?
Cogí el puto carnet y me acerqué para besarla; retiró los labios de repente y debido al impulso estampé los míos contra su nariz.
   -¡Apestas a yerba, qué asco! -movió los brazos en todas direcciones, frenética, como si le atacase un enjambre-.

Mi hermano apenas habló del incidente cuando dejamos la comisaría y caminamos directamente hasta  su casa. Unos vecinos avisaron a la policía, aunque todavía no constaba denuncia contra él -resumió escueto-.
   -A ver si no hay nadie en el portal esperándome -susurró nervioso poco antes de llegar -.
Paranoico como estaba, se negó a coger el ascensor y encender las luces. Me hizo subir por las escaleras a oscuras hasta el puto octavo piso. Dentro ya de su casa, primero echó un vistazo a las habitaciones, temiendo encontrar no sé sabe qué o a quién; algo más calmado, entró después en la cocina a preparar café. Yo me quedé esperando en el comedor. Había una cajita metálica de tabaco encima de la mesa. Me acerqué para ver si tenía algún cigarro, los míos los había olvidado en casa.
   -Son canutos -dijo mi hermano asomando la cabeza-. Enciende uno, anda.
Dejó la cafetera en una mesa baja, frente al sofá donde yo estaba sentado. Ocupó su sitio junto a mí y activó la televisión con el mando a distancia. Luego apagó el volumen.
    -La he cagado, tío. -gimió impotente-. Por un puto malentendido la he cagado pero bien.
   -Si es un malentendido puede arreglarse -intenté calmarle-.
Señaló la puerta de su habitación con pesadumbre.
   -¿Por qué no vas y se lo explicas a ellos?
   -¿A quién? -miré un rato la puerta, como idiotizado-.
   -No sé cómo empezar, tío -se revolvió en el sofá-. Fue cuando rompí con Marta.
Asentí con la cabeza.
   -El año que yo dejé la Universidad -dije-. Aunque fue ella quién rompió contigo -aclaré-.
   -Por el rollo aquel de no querer tener hijos.
   -Y por el rollo de las fumadas -añadí-.
   -Entre eso y que detestaba mi puto trabajo de enterrador... Luego salió lo del ejército y las fuerzas especiales. No fue a verme al hospital ni un solo día. Y desde entonces no he conocido a nadie, tío.
   -¿Cómo qué no has conocido a nadie?
    -Quiero decir que no me he tirado a ninguna tía -esquivó mi mirada-.
Hice un cálculo mental aproximado:
   -¿Llevas 5 años sin follar? -inquirí sobresaltado-.
 Afirmó con la cabeza, entre rabioso y abatido.
   -¿Tres mil trescientos veinticinco días sin taladrar a ninguna puta tía, de verdad, ni por el culo? -insistí-.
   -Bueno, solo hace tres años que puedo caminar, y dos que mandé a tomar por culo las muletas.
Señaló otra vez hacia la puerta.
   -Desde esa habitación veo a una mujer tender la ropa todos los sábados a la misma hora.
   -¿Es ella quién ha llamado a la policía? -pregunté inquieto-.
Volvió a mover la cabeza, esta vez mecánicamente, arriba y abajo, un par de veces.
    -¡No me jodas,  te estabas pajeando?
    -Lo que me acojona es que ha creído que no era por ella, sino por los niños que estaban jugando abajo, en la urbanización.
Guardé silencio, intentando encontrar una puta respuesta coherente:
   -Me parece que vas a tener que ir a verla -hablé al fin-. Te acompaño.
   -¿A la tía? Está casada, no jodas -dijo con miedo-.
   -¿Y qué? Tienes que contarle la verdad para asegurarte que no te va a denunciar, al menos no por lo que ella cree que estabas haciendo. ¡La verdad! -recalqué-.
   -Me presento en su casa y delante del marido le endilgo que: “La única verdad es que me la estaba pelando mientras usted tendía la ropa, señora”. ¿Esa mierda propones?
   -Eso o puede acusarte de lo que quiera, aunque no hubieses estado en casa en todo el puto día. Tienes que rebajarte. Si una mujer te denuncia, no basta con ser inocente, tienes que demostrarlo, tío. Es la ley.
Me observó durante un rato y luego se levantó torpemente del sofá:
   -No puedo hacerlo, joder.
   -Asume tu puta responsabilidad, tienes ya 40 tacos.
   -Esa frase es de tu mujer, tío.
Fumamos en silencio durante uno o dos minutos, tal vez más.
   -Puede ser una cagada todavía mayor -empezó a decir-, pero se me acaba de ocurrir algo: podemos ir a su casa y presentarnos tal cual, como hermanos.
Me reí:
   -¿Y qué coño te he aconsejado antes?
  -Pero decimos que somos tres, que el pequeño no ha podido venir con nosotros porque se encuentra destrozado.
   -Espera un momento -le interrumpí-. ¿Un hermano imaginario quieres meter ahora en esta puta historia?
   -La tía me vio de lejos, es otro portal. No me conoce. En comisaria no hemos coincidido tampoco.
   -¿Y cuando la policía se presentó aquí, seguro que no estaba ella?
   -¿Por qué dudas? -inquirió ofendido-. Estoy seguro.
   .¿Y si se escondía en algún sitio y tú no la viste? -insistí-.
   -¡Pero no querías que fuera a hablar con ella! -explotó-.
Empecé a reírme otra vez a causa de la yerba.
   -Te acompaño pero yo no hablo -conseguí decir-.
Señaló la cajita de metal.
   -¿Cogemos uno para el camino?

Dejamos el comedor atrás y nos adentramos en otro semejante, pero inodoro. Nos ofrecieron un par de sillas y los cuatro ocupamos una mesa rectangular dentro de la cocina de la casa. El hombre era más o menos de nuestra edad, aunque bastante más alto y más fuerte. Su mujer parecía más joven, o vete tú a saber, la cara no la tenía lavada precisamente. Vestía una camisa vaquera ajustada y se adivinaban unos pechos enormes tras ella. Miré a mi hermano y éste bajó la cabeza.
Habló primero el hombre:
  -Son ustedes policías, ha dicho -se refería a mi hermano-.
El puto gilipollas había inventado esa mierda de improviso y sin consultarme.
   -Si pensaban ustedes presentar una denuncia contra esa persona -dijo muy serio-, ya no hace falta. Mi compañero -apuntó hacia mí con la mano- y yo -se tocó el corazón- nos hemos ocupado. Un ligero contacto, ya me entienden.
   -¿De quién se han ocupado? -preguntó extrañado el hombre-.
   -Del tipejo que detuvimos esta mañana por exhibicionismo.
La pareja intercambió una mirada.
   -Se han equivocado ustedes, aquí no es -dijo el hombre, mostrándose nervioso de repente-. Es la   otra puerta, la del A. Esto es el B.     
   -Es el vecino de al lado -secundó ella, también nerviosa-.
Durante un rato el silencio invadió la cocina.
   -¿Pero no es usted la mujer que estaba en la ventana? -preguntó de pronto mi hermano en tono ofendido-.
Ella le miró violentada. Tenía los brazos descansando encima de la mesa. Hundió la cabeza y buscó apoyo en ellos antes de esconder las manos entre su pelo.
   -Les agradecería -empezó a decir- que no mencionaran mi presencia en esta casa cuando entren a hablar con mi marido.
El tipo aquel había mudado de cara y ahora parecía deformada por la ira. Mi hermano y yo nos mirábamos una y otra vez, luchando por ocultar nuestro pánico.
Intervine al fin, vislumbrando una puta salida a todo aquel maldito embrollo. Me dirigí a ella:
   -Nosotros no hablamos con su marido y usted se olvida de denunciar al pervertido ése -propuse-.
Dijo sí con la cabeza, sin meditarlo siquiera. Me levanté de la silla.
   -Nos vamos -apremié intranquilo a mi hermano-.
De pronto, me invadió otra vez la paranoia. Presentí que algo malo iba a ocurrirnos antes de abandonar aquella puta casa. La yerba provocaba esos efectos y saberlo no te libraba de sufrirlos, sobre todo si te encontrabas en el centro de una situación como aquella. Mi hermano se había puesto en pie.
   -¡Ustedes no son policías! -gritó el hombre de improviso-.   
La tetona alzó la cabeza y le miró sorprendida.
   -¡Han entrado en mi casa sin enseñarme ninguna identificación! -siguió berreando-. ¡Quiero ver sus placas!
   -Vámonos de aquí -insistí a mi hermano, cogiéndole ahora por el brazo, pero sin saber realmente qué estaba haciendo-.
Salimos al pasillo y avanzamos hasta la salida. El tío venía detrás, pegado a nuestras espaldas. Abría ya la puerta para salir cuando la mujer empezó a correr hacia nosotros.
    -¡Tú eres el cabrón de esta mañana! -gritó con rabia a mi hermano mientras nos bloqueaba el paso-.
   -¿El de los niños? -preguntó iracundo el hombre-.
   -Mi hermano estaba mirándola a usted, no a esos putos críos -intercedí-.
   -¿Su hermano? -el hombre se tensaba más y más y más a cada momento- ¡Pero qué puta mierda de historia es esta! -explotó-.
   -¡Deja que se vayan! -ordenó la mujer encarándose y permitiendo a mi hermano abrir la puerta-.

Hasta que no pisamos la calle no abrimos la puta boca. Encendí el móvil y vi que aparecían 18 mensajes de mi mujer. Leí los 6 primeros y volví a apagarlo.


       

 
   

   


   
   

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
sábado a la noche (2010)

  Había quedado el sábado por la noche en casa de mi hermano, aprovechando que Raquel, mi mujer, estaba en el pueblo visitando a sus padres. Asumí que estaría él solo, pero me encontré a un anciano en silla de ruedas dormido en medio del salón.
    -¿Quién es? -pregunté sobresaltado-.
   -No hace falta que susurres, está sedado, y además es sordo. Es un vecino.
   -¿Y qué coño hace aquí?
   -La tía que lo cuida necesitaba que alguien se quedara con él media hora.
   -Te la habrá chupado, ¿no?
   -Estaba fumadísimo, tío. Cuando he terminado de reaccionar, el viejo ya estaba dentro. Ni siquiera le conozco, ni a ella tampoco, y le he dicho que sí -gimió desesperado-.
Me senté en el sofá y encendí un cigarro de yerba. Le di un par de caladas y se lo pasé.
   -Nací gilipollas, lo reconozco -continuó lamentándose mientras fumaba-.
Señalé al anciano:
   -¡Parece feliz el tío! -exclamé sonriendo-.
   -Son las pastillas -aclaró mi hermano-.
   -No te lo he querido decir antes -dije cambiando  de tema-. El otro día dejé el trabajo.
   -¿Te das cuenta a lo que te tienes que enfrentar cuando vives solo? -continuó hablando como si no me hubiera escuchado-. Nada más llegar aquí me obligaron a pintarla de amarillo -señaló la  puerta  de  entrada-. Y un puto año después, la única puerta amarilla de todo el bloque es la mía. Ahora todas son marrones.
   -¿Pero no era ya marrón antes de pintarla de amarillo?
   -A eso me refiero, tío. Ahora dicen que destaca y que parece el trastero.
Miré al anciano otra vez:
   -¿Crees que nosotros terminaremos así? -señalé con la cabeza hacia él-.
   -¿En casa del vecino?
   -Aunque a ti no te ha ido mal. Una lesión de rodilla al año de hacerte fijo y se acabó trabajar.
   -Eso sí es verdad, tío -me pasó el peta-.
Mi hermano trabajaba en las fuerzas especiales del ejército cuando ocurrió el accidente. El fallo de su paracaídas en un entrenamiento hizo que besara el suelo violentamente. Pasó más de 2 años escayolado desde el cuello hasta los tobillos. Hacían falta dos personas para poder levantarlo de la cama. Cuando al fin rompieron esa puta armadura enyesada, pasó varias semanas aprendiendo a andar. No abandonó las muletas hasta después de otro año. Excepto por una rodilla, apenas sufre secuelas, o no se entera a consecuencia de la yerba.
Escuchamos un golpe brutal en la puerta, como si hubieran llamado utilizando la cabeza, literalmente. Nos pusimos en pie y avanzamos temerosos hasta la entrada. Mi hermano observó por la mirilla y sin consultarme abrió la puerta. Era un tipo de nuestra edad, más o menos. Por como nos miraba, parecía borracho o trastornado.
   -Es el vecino de abajo -me tranquilizó-. ¡Tienes que bajar un piso! -le explicó mi hermano mientras apuntaba la mano contra el suelo-.
   -¡Ya me acuerdo! -se disculpó el vecino enfadado-.   
Rojísimo, sudoroso y con una hostia considerable en mitad de la frente, así posaba el fulano.  Todavía permaneció un rato más sin apartar su vidriosa mirada de nosotros.  Mi hermano cerró la puerta cuando desapareció de nuestra vista. Aún así, volvió a echar un vistazo por la mirilla antes de sentarse en el sofá.
   -¡La segunda vez que viene! -se quejó-. Tiene un bar aquí al lado. Ha despedido al único empleado que tenía y se ha quedado solo el pobre cabrón. Cuando bebía fui varias veces a su garito y alguna terminamos contándonos nuestras putas vidas. Por aquel entonces le iba bien: gastaba mucho, ganaba más y trabajaba lo justo. Llegó a tener 3 empleados. ¡Y el local es casi un puto zulo! Ahora debe mucha pasta, a proveedores y más gente. Ya ni le despachan, tiene que ir al super a comprar las bebidas.
Había transcurrido el plazo de 30 minutos. Aún así, pasaron dos horas más y seguíamos sin saber nada de la mujer. El anciano parecía congelado, detenido en el tiempo.
   -¡Vaya dosis le han metido! -exclamé-.
   -¡Voy a despertarle para que me diga donde puedo localizar a esa petarda! -habló en tono crispado mientras se levantaba del sofá-.
   -¿Por que no vamos primero a su piso y llamamos?
   -Te he dicho antes que no los he visto en mi puta vida.
Contuvo la rabia y zarandeó al anciano con suavidad. Repitió el proceso más de una docena de veces, en vano, porque éste no movió una sola pestaña. Optó entonces, a sugerencia mía, darle unos tortazos en la cara. Intentó hacerlo con cuidado otra vez, sin embargo, las mejillas del viejo empezaron a colorear debido a la insistencia. Viendo que no lo conseguía, acerqué el canuto de yerba hasta su nariz, esperando que el humo le devolviera al tiempo presente.
   -¡Está más drogado que nosotros! -se quejó mi hermano-. ¿Qué coño hacemos?
   -Registrarle -propuse-.
   -¿Robarle, y en mi propia casa?
   -Para ver si tiene alguna documentación -aclaré-.
Aceptó a regañadientes tras unos segundos de duda.
-No es mala idea -dijo con desánimo-. Solo espero que no se despierte mientras lo hago, joder.
Tras registrarle 3 ó 4 veces, llegamos a la triste conclusión de que el viejo no llevaba encima absolutamente nada. Continuamos bebiendo café y fumando yerba, pero ahora con más ansia y desesperación, buscando respuestas a una situación que amenazaba con dinamitar nuestra ya innata paranoia. Entonces, aporrearon la puerta y llamaron al timbre, todo al mismo tiempo.
   -¡Otra vez tu vecino! -me reí al recordarlo-.
Llamaron de nuevo. Mi hermano fue hasta la puerta y acercó un ojo a la mirilla.
   -¡La policía! -dijo a media voz sin dejar de mirarme, asustado-.
Volvieron a llamar con más insistencia. Abrió la puerta. Cuatro policías y cuatro enfermeros aparecieron ante nuestros ojos.
   -Esto apesta a Marihuana, señores -se presentó uno de los agentes-.
Los enfermeros se acercaron al anciano y empezaron a tomarle el pulso. Enfocaron una luz a sus ojos y un instante después certificaron su muerte.
   -Probablemente lleve así 24 o más horas -comentó uno de los sanitarios a un policía-. Mire sus labios, amoratados.
   -¿Solo tienen esos 2 porros? -preguntó un policía señalando la lata de tabaco que estaba encima de la mesa-. ¿No hay marihuana escondida por ahí? -abarcó con la mirada toda la casa y el infinito-.
   -Y uno que hemos fumado -dije con cara de pena-.
  -¿Uno? Olía a yerba desde el tercer piso, señores, y estamos en un octavo.
Otro policía se le unió.
   -¿Han estado ustedes registrando al muerto? 
Un tercero formó grupo y tomó la palabra antes de que pudiésemos responder.
   -A estos dos los he visto yo hace una semana o así en comisaría por un tema de exhibicionismo.
Nos detuvieron. Hasta pasadas más de 3 horas, no nos permitieron salir de comisaría. La única información que recibimos antes de echarnos a la calle y sin cargos fue que la mujer estaba detenida y que había largado lo suficiente como para devolvernos a la realidad.
   -Aún así -enfatizaron-, podemos llamarles en cualquier momento. No apaguen sus móviles. Y hasta que todo esto no se aclare, no vayan muy lejos.
 
Los dos petardos que había en la caja de tabaco ya no estaban, evidentemente. Pasaron por alto el tema y solo nos advirtieron que si algún vecino llamaba quejándose por el olor, nos multarían la próxima vez. Esperamos ansiosos los días siguientes para ver publicada la noticia. Al principio, los datos fueron muy escuetos, solo que había sido encontrado el cuerpo de un hombre fallecido 24 horas antes y que una persona estaba detenida. Estuvimos la mar de entretenidos durante una semana con la información que iba apareciendo en internet.
   -Acusada de encubrimiento -dijo mi hermano saliendo de la cocina con una jarra de café-.
   -El vejete estaba en busca y captura desde hace años por matar a un vecino de una paliza.
   -Imagina que hubiese revivido mientras le estaba registrando -rellenó los vasos-.
Encendí otro petardo.
   -¿Y tuvo la sangre fría de esperar con el fiambre un día entero para después querer enterrarlo ella misma? -preguntó mi hermano retóricamente-.
   -Sangre fría no, estaba cagada, no quería ir a la cárcel.
   -Qué putada que se le jodiera el coche al poco de arrancar, lo ves en una película y quieres que se salve y que no la cojan nunca, aunque sea una hijaputa. Para rematar, volvió hasta aquí otra vez cargada con el viejo, pero no pudo volver a meterlo en su casa porque había olvidado las llaves dentro, te cagas.
   -Se lo follaba también.
   -Y el a ella, porque el cabrón no era ni paralítico, la silla de ruedas la guardaba de un accidente anterior o algo así -empezó a reírse.- Palmó mientras cabalgaba, hasta que reventó su puto corazón. Ese final debería ser obligatorio, hermano.
   -La tía se bloqueó y llamó a tu puerta, pero fuiste el primer idiota que accedió, porque según la policía, se lo pidió a 15 vecinos antes que a ti.
   -Soy buena persona, eso es todo.
   -Y harías cualquier cosa que te pidiera una tía a cambio de echarle un polvo.
   -Lo pensé, cierto, pero ya ves que no volvió.
   -Supongo que la hubieran pillado igual, pero que una patrulla de tráfico la identificara por tener abajo el coche mal aparcado...
   -Es para volver a sacarse el carné -concluí-.

   

   


   




 

Desconectado josé luis

  • Micronauta
  • **
  • Mensajes: 1.091
    • jose luis
    • Ver Perfil
Brinco (2010)






   Se cumplían 10 años de la muerte de nuestro amigo. Mi hermano y yo quedamos el día exacto para hacer una fumada y  hablar de él, de “Brinco”, y de algunas de las movidas que sufrió y que también padecimos aquellos que le tratamos. Raquel, mi mujer, no se tomó demasiado bien que pasara la noche fuera de casa:
   -¿Tú y tu puto hermano otra vez? -apuñaló de frente-.
   -Se trata de “Brinco”, cariño.
   -¡Dos pobres imbéciles en suspensión de incredulidad permanente! -farfulló Aristotélica-.
Su verdadero nombre era Alberto. Le chiflaba el cine del oeste y una película en particular: “Bronco Billy”. Y hasta que murió, así le llamamos cariñosamente, sustituyendo un par de letras nada más, en homenaje a una deformidad que tenía en los pies y que le obligaba a saltar y no a andar si lo que quería era desplazarse.
   -¿“Brinco”?  -aceptó asqueado mientras nos hacía una peineta con cada mano-.
Le conocimos en unos recreativos de máquinas arcade, de esos que tanto abundaban en los 80, y donde pasábamos más horas que en cualquier otra parte, incluida nuestra casa. La puta nostalgia convenció a mi hermano para que se comprara muchos años después una “Space Invaders” original, del 78, la primera de todas las arcade. Ahora luce en el comedor y casi siempre la tiene encendida.
   -Por aquel entonces -dije a mi hermano-, ya trapicheaba con hachís. ¿Cuántos años tenía?
Se tomó su tiempo para pensarlo.
   -Repetí dos cursos, cuarto y quinto -dijo en primer lugar-. En octavo yo tenía 13 tacos de mierda, y a “Brinco” le expulsaron de otro colegio porque repitió 3 veces y ya no se podía más. Creo que hasta repitió 1ª de EGB, caso único en España,  por aquello del accidente que tuvieron sus viejos, cuando su padre fue a adelantar un camión y venía un coche de frente. Prefirió meterse debajo de un trailer cargado de coches, antes de que el otro embistiera de frente... Tenía 14 años el mamón.
   -Los coches que cargaba el camión eran iguales que el que conducía el viejo, creo.
   -No, no inventes, tío. Y no me interrumpas, haz el favor.
   -Menos mal que no viajaba con ellos -recordé-.
Mi hermano asintió.
   -La parte del copiloto y la de atrás quedaron destrozadas -continuó-. La madre estuvo muy jodida durante varios años, y del cabrón de “Brinco” a estas horas, no hubiera quedado ni el recuerdo. Se largó a vivir con una tía suya al pueblo, hasta que el viejo fue a buscarle varios meses después.
    -No habíamos fumado un petardo o bebido una litrona hasta que él nos invitó -dije-. Era el único de los tres que tenía pasta.
   -Esos dos años fueron cojonudos.
Asentí con la cabeza y encendí otro peta:
   -Hasta que su padre le fracturó la mandíbula -dije-.
   -Estuvo un año entero sin vocalizar como es debido.
   -¡Yo no le entendía una mierda! -exclamé riendo-.
   -Parecía un puto yonqui hablando.
   -El padre quiso redimirse y a los 18 le enchufó para vender cupones de lotería.
Mi hermano, al recordarlo, se llevó una mano a la cabeza, como si le doliera.
   -Duró 3 ó 4 meses nada más -resopló con una sonrisa-. Hasta que ya no pudieron soportarlo más y a la puta calle.
   -Inventaba cualquier embuste el hijoputa para no ir a currar -seguí recordando-. El primer premio, seguiendo con los ciegos, se lo lleva el día que se puso hasta arriba de todo y llamó a su puto jefe desde un bar a las 8 de la mañana para  explicarle entre sollozos que no podía ir a recoger los cupones porque sus padres acababan de morir en un accidente de tráfico, calcinados dentro del coche.
   Resopló mi hermano antes de contestar:
   -Aquello fue muy fuerte, tío.
   -Lo que tardó la puta noticia en extenderse por el barrio. Sus padres estaban de viaje y aparecieron ese mismo día, al caer la tarde.
   -Los que ya tenían asumida la muerte, flipaban al verlos otra vez por allí.
   -El muy cabrón revolucionó el barrio. Querían lincharle, literalmente.
   -Salvó el culo gracias a la intervención de sus padres -siguió mi hermano-. Faltó muy poco, yo pensé que le mataban, te lo juro, que de esa puta turba no salía.
   -Estuvo varias semanas sin atreverse a pisar la calle -me reí-. Eramos los únicos que íbamos a verle.   
   -Y dos años después volvió a cagarla pero bien -continuó mi hermano-. Un fin de semana que sus padres no estaban en casa y empezó a decir que por culpa del alcohol se hizo amigo de un tío, y éste le contó que vivía en un pueblo cerca de aquí y no podía irse porque se le había jodido el coche.
   -Y se lo llevó a dormir a su casa -le pisé la historia a mi hermano-. Y cuando se levantó al día siguiente, faltaban cosas de oro de sus padres y otros objetos de valor.
Empecé a reírme otra vez:
   -Y luego descubrimos que el otro fulano no existía, era todo mentira, había sido él quién había robado en su propia casa.
   -¡Hizo ir a sus padres al pueblo del tío para ver si le encontraban!
   -El cabrón también choriceó ese día un radio-casete grande que tenía el hermano de 10 años en su habitación.
   -¡Y el vídeo que acababa de comprar su padre!
   -Todavía le decía al enano: “Fue por la única cosa que me enfrenté a ese tío, por tu radio-casete”.
   -Al hermano le cambiaba la historia, diciendo que el tío ya se iba por la puerta y que entonces abrió los ojos y al ver que llevaba el puto radio-casete bajo el brazo, se levantó para hostiarle y recibió un puñetazo a cambio.
   -Ahí fue cuando le echaron de casa.
   -De casa le largaron poco tiempo después, por culpa de la borrachera aquella, cuando se equivocó  y se metió en el unifamiliar de al lado.
   -Joder, si apareció publicado en los periódicos, es verdad.
   -Menos mal que no existía internet ni ninguna puta mierda de las de ahora -dije-.
   -La chusma le hubiera crucificado, sí.
   -Esos pisos eran todos iguales -seguí con la historia-. El cabrón había perdido las llaves y no quería que sus padres, después de robarles, le encontraran en ese estado, así que prefirió no llamar.  Vio una ventana abierta en la planta baja y se coló por ella. Allí le dejamos, nosotros nos fuimos a dormir, sin enterarnos tampoco que aquella no era su casa.
   -Dijo que subió a “su habitación" directamente y que se metió en la cama -continuó mi hermano-.  Entonces se percató que había más gente durmiendo en ella.
   -Un tío y una tía -volví a pisarle-
   -Y quería echar a la pareja de su propia casa, estaba convencido que los intrusos eran ellos.
Por eso cuando apareció la policía les dijo que se llevaran a aquellos dos cabrones que había encontrado dentro de su puta cama.
   -Maldito ácido -me lamenté al estar recordando otra cosa-.
   -El padre se gastó mucho dinero pagando la denuncia, porque además le acusaron también de haber estado discutiendo con la pareja mucho rato, y en pelotas, hasta que la mujer corrió a esconderse y desde el servicio pudo llamar a la bofia.
   -Le dijo que se largara y no volviera por casa -añadí-.
   -Pero al cabo de un mes, gracias a su vieja, volvió a encerrarse en su habitación.
   -¡Y ese mes estuvo en nuestra casa! -exclamé retóricamente-.
   -La mierda aquella de ácidos que empezó a tomar, y nosotros al principio también -reconoció-.
   -Yo los dejé para siempre un fin de semana que fui con Raquel a la casa que tenían los viejos en el pueblo. Empecé a escuchar una puta voz en el cuarto de baño, y luego la misma poco después en la habitación donde estábamos encamados.
   -¡No lo sabía, tío! -ironizó-. Si he de serte sincero, para mí, la mejor historia de todas las de “Brinco” sigue siendo la del puto gato y el móvil que robó a la mujer del juez. He escuchado la grabación que hizo cientos de veces, y no me canso, tío. Y todo por vengar a un pariente suyo que se había divorciado y vivía desde entonces en la puta ruina por culpa de la puta de su ex-mujer.
   -Esa cinta es magistral -empecé a reir yo también-. ¿Cómo cojones se le ocurriría al jodido loco grabarlo todo? A la ex ya le había quemado el coche su marido un año antes. Y al puto juez la casa un par de años después.
   -Y hasta hoy siguen impunes, el ex y el juez.
Posé la mirada en la pantalla apagada del televisor.
   -Podemos ver luego la película -propuse-.
   -¿Bronco Billy?
Meneé la cabeza.
   -No la tengo -sentenció-. Bueno sí, una copia de mierda de hace 30 años en VHS.
   -No tienes vídeo para ponerla.
   -Guardo algunas películas de recuerdo, me da palo deshacerme de ellas.
Encendió el televisor con el mando a distancia y luego anuló el sonido.
   -Todo salió mal la última vez que nos vimos -me miró-. ¿Por qué cojones no nos diría nada? Intenté quitarme la puta vida arrojándome desde un décimo piso.
Guardamos silencio durante un rato.
   -Yo también lo pasé jodidamente mal -hablé mientras revivía el momento-. Al día siguiente de ingerir el ácido, me atacaron las mismas alucinaciones que a ti. No me separé del balcón de casa hasta que no aparecieron papá y mamá.
“Brinco” llevaba consumiendo ácidos desde hacía casi una década. Era Domingo y en el barrio organizaban una fiesta. Yo tenía que ir a trabajar al día siguiente y no quería pasarme  ni bebiendo ni fumando, en especial lo primero.  Y medio cumplí, porque no llegué a casa demasiado loco, así que a la mañana siguiente me desperté. “Brinco” fue el único de nosotros tres que tomó el ácido voluntariamente, porque a mi hermano y a mí nos lo coló en la bebida sin que nos enteráramos, de ahí que al día siguiente nos preguntásemos horrorizados de dónde cojones salían aquellas ratas y arañas gigantes.
   -Lo que me duele de verdad es que no estemos aquí los tres ahora mismo -dijo mi hermano-.
Acercamos los vasos de café y brindamos.
El cabrón de “Brinco” terminó ingresado en un hospital la misma noche que mi hermano y yo casi echamos a volar. Murió al día siguiente, por la mañana, de un ataque al corazón. Hasta que no le hicieron la autopsia, no supimos con certeza qué coño nos había pasado. Su padre telefoneó para decir que no fuéramos al entierro, o nos enterraría con su hijo.
   -Rula un par de canutos, que los de la lata ya se han acabado -dijo mi hermano-. Voy mientras a buscar la grabación del gato, así nos echamos unas risas.


                                                                               


                                                                                   FIN
   
 
« última modificación: 10 Marzo, 2017, 00:06:47 am por jose luis »

Desconectado Essex

  • Administrador
  • Celestial
  • *
  • Mensajes: 31.582
  • Sexo: Masculino
  • Chúpame el rombo.
    • Ver Perfil
Me apunto e iré leyendo con tiempo y moderación.
¡SOY FILÓOOOLOGORRRRR! ¡ESCRIBO COSASSSS! ¡GRAAAH!

"En el 48.7 de Muerte FM"

Desconectado Unocualquiera

  • Moderador Global
  • Celestial
  • *
  • Mensajes: 42.259
  • Sexo: Masculino
  • Ningún ser gatuno salió herido durante este post
    • unocualquiera
    • Ver Perfil
Leídos. Al principio estaba algo despistado pero luego va encajando todo.


A mí me han gustado y me parece que el interés sube a partir del relato del gato.

UMY 2012 al forero revelación
UMY 2014-2015-2016 al forero más activo
UMY 2015 al mejor moderador
UMY 2016 al mejor forero

 

Carbonate design by Bloc
variant: carbon
SMF 2.0.7 | SMF © 2011, Simple Machines